My name is Carolina Espejo. I am vegan and a musician. Among other things.
In the village where I am residing at the moment, a young man was killed yesterday by a bull during the shameful local celebrations. Everybody is now excited and living up to the communal created drama. They finally feel something intense is happening in their dull lives.
TV cameras wonder around the village, and they all feel suddenly very important and objects of attention.
What this sadistic people do not seem to understand is that having as the "main course" of their fiestas the bull rodeo or bull chasing is, to start with, a barbaric and most shameful action.
The poor animal literally freaks out chased and pushed by these sociopathic people, whose compassion is so blinded and their emotional wiring so burnt out, that they actually enjoy and have fun by causing suffering, stress, mistreatment, pain and death to such an innocent and beautiful creature. They indeed enjoy death and drama in all its forms, and, being animals the most innocent ones, they abuse them with barely no limits at all. Today local people have another victim (human this time), so they are enjoying in this sick way even a bit more than usual.
If someone gets killed in the process of a cruel bull street chasing, well.. who cares? Not even the same people who now pretend, mourning and feeling so shocked and hurting so much for the deceased young boy,s family and so on.....not even they really care about humans to start with, otherwise they would never allow this kind of actions to take place, as they involve serious risk to people also.
I guess that now the poor bull, in a desperate action of self-defense, will be depicted as the evil one, the violent one and the dangerous one, in a clear and obvious ACTION OF REVERSING FACTS. The victimisers just project their own violence into the bull, and FORGET OR DISSIMULATE the fact that they have created all the suffering to start with, by depriving the bull of dignity and using him as a most shameful object of cruel enjoyment. Once they create the anger and the stress and break the integrity of the animal, then, and only then, claim, as only a dumb person could possibly do, that the poor creature is brave and dangerous, brutal and attacking, and so the fiesta is justified.
Only people without logics and compassion could really argue something like that, but they still do.
In domestic violence court cases the same tactique can be appreciated many times at play: men just push their partners to extreme and shocking situations with constant bullying, menacing, insulting or family neglecting, and, when victimized women logically react WITHIN the acute stress suffered consequently by their ex's actions, and they express natural anger or loss of control, then victimizers try to depict them as witches, crazy, dictatorial, bad-tempered or wicked persons. The bound in between sexism and animal abuse is so clear, that, once more, the intersectionality of violence is proved. You can not be a carnist and avoid violence reappearing somewhere else: in women, in dark races, in polithics,,,,,everywhere.....peace is peace. It is an absolute. Certain things are absolutes: you either are pregnant or you are not. You either respected a person or you did not. You can not be partially pregnant. You can not partially kill someone. You can not partially respect a person. It is either one thing or another. Some things in life have an absolute quality to them. And eating animals is totally wrong and therefore causes consequences that are totally wrong. It is simple, as all truths are.
Sounds familiar? Bulls, sexism, victimizing....the same crazy mechanism that keeps us apart from peace and kills us all at the end: kills our bodies, our dreams, our peace, our environment, our morals, our life.
You shall not kill. Respect all types of lifes, without exceptions.
Self-defence is a righteous act: the bull acted in self-defence. He is the innocent one. He was always the innocent one. And we must protect innocence above all things.
Toma estas palabras como lo que son: nubes efímeras, formas variantes que se complacen en sí mismas, sin otra intención que la de jugar y pasar de largo, sin peso.Si quieres disfrutar de palabras que son nubes, yo las comparto aquí por el mero placer de compartir.
sábado, 9 de julio de 2016
jueves, 2 de junio de 2016
La relación de pareja
La relación de pareja es un binomio, un equipo, una asociación de a dos. Juntos se crea algo que no se da por separado, y ese algo es emocionante, es vivificante, es enriquecedor, es valioso, nos gusta, nos motiva, nos hace crecer, nos reta, nos llena de placer, nos emociona, nos saca de nuestras casillas, nos mejora, nos da paz, gustito, nos da un hogar, la posibilidad de formar una familia. Nos da inspiración, nos da tranquilidad. Nos da excitación, nos da dulzura, cariño.Nos da romance, nos da amor, maravilla, sueño, relajación gloriosa. Nos da profundidad, trascendencia, nos amplía, nos ensancha, nos da fortuna. Nos lo da casi todo. Para casi todos, la pareja es el pivote central de nuestras vidas adultas. De ella nace la vida, el nuevo tejido social. De la unión de un hombre y una mujer nace la vida. La pareja nos da la vida. Es aquello que orquesta el resto de cosas de manera genial. Y es aquello sin lo que ese resto no tiene tono y se torna flácido.
La relación de pareja es un todo completísimo donde elegimos al compañero para la ginkana que es la vida: nos gusta cómo juega, cómo es, sus habilidades, su esencia. Nos gusta estar a su lado. Nos gusta estar juntos.
La relación de pareja trae consigo tres elementos básicos esenciales: la maravilla ésa que se da, y que no sabemos por qué, no se da con nadie más así, de esa manera tan increíble como se da con quien elegimos como pareja. Es la magia, la chispa, el no-se-sabe-qué que nos mantiene unidos, que nos hace especiales como pareja, que hace que seamos nosotros y nadie más que nosotros. Es la pasión de pareja. Incluye el sexo como elemento de apego y de acercamiento, el sexo como pegamento. Es la intimidad de los que se atraen y se aman de esa manera con la que sólo se atraen y se aman los compatibles, cuando la chispa se da entre personas sin patologías notables (huelga decirlo). Es la admiración por el otro, la adoración del otro. Es tenerle en un puesto especial de nuestro corazón sin saber por qué. Porque es él. Porque es ella. Porque es como es. Si hubiéramos de emplear la analogía de la ciencia química, diríamos que es la carga positiva del átomo: la que activa, la que suma, la que hace crecer, la que es intensa y se proyecta hacia más.
El segundo componente es uno más neutro quizá, pero no por ello menos importante: la facilidad para convivir, para estar juntos en lo rutinario u ordinario. Es la comodidad que siento junto al otro en la casa, la facilidad con que me acoplo a su compañía, que me guste que esté cerca mientras trabajo y no me moleste su presencia, que podamos incluso trabajar juntos. Es la clave para una convivencia exitosa: el otro me permite estar en lo privado casi como si estuviera solo: no me incomoda, no me corta, no me sobreexcita. Puedo estar con el otro en lo diario. Es lo que me hace ir al restaurante y estar cómodo en la manera en que el otro está en esas rutinas sociales; es poder ir al supermercado sin cargarme, es pasear sin grandes sobresaltos juntos. Por continuar con la analogía química, la compatibilidad de caracteres sería la carga neutra del átomo: no excita, pero no detrae energía tampoco. No es megaexcitante pero permite algo sereno y básico sin lo que el resto no podría desplegarse y desarrollarse, crecer y volar. Aquí los cónyuges son como amigos, como buenos compañeros de piso.
El tercer elemento es lo que nos molesta y enerva del otro: es aquello que nos irrita o nos parece absurdo en el otro. Lo que no entendemos, o bien el defecto o la tara que vemos en el otro. Es su cabezonería, su frialdad repentina, sus manías absurdas, sus contradicciones. Son sus defectos de carácter. Es el material que permite la unión final y el sostenimiento de la pareja, pues la parte sombría de la pareja va presentándole retos y pruebas, con el fin de que ésta no pierda el tono y se torne fofa. El material negativo es el dragón que esconde el tesoro: son las pruebas de la ginkana. Son aquellas crisis que tras la superación conjunta, hacen a la pareja más pareja de lo que era antes. La unen, la conforman, la esculpen, le van dando forma. Son los electrones de la ecuación atómica del amor de a dos. Son esas cosas que no queremos aceptar en el otro, que no nos gustan, que nos sientan mal. Que nos remueven, que nos acongojan, que nos entristecen, que nos limitan incluso. Son las restas, las divisiones, las ausencias, los enfados, los malentendidos, los abandonos incluso. Y aquí es donde hay que comprometerse a no salir corriendo. Es el tercer componente del amor maduro y estable: el compromiso, la obligación aceptada voluntariamente. El "nos quedamos para el otro pase lo que pase". Sin dudas ni fisuras.
En la química de la pareja los tres aspectos de la misma deben darse de una forma que permita la estabilidad y adecuada transformación y evolución de la misma. El aspecto positivo es la chispa de ignición y lo que mantendrá el vínculo en los tiempos oscuros o escabrosos. Es la pasión. El enamoramiento.
El elemento neutro posibilitará el goce de la convivencia y la formación de una familia. Es la camaradería, la amistad, la complicidad de los que se llevan bien.
Y el elemento negativo mantendrá a la pareja en forma y la hará mover el culo cuando tienda a apalancarse. Le hará separarse para volver a desear la unión. Le hará enfrentarse para volver a recordar cómo se valora la presencia del otro. Le hará retirarse para volver a recordar cómo se echa de menos al otro. Es el compromiso.
Cuando hay compromiso, pero no hay pasión, hay una pareja eficiente pero sin gracia. Cuando hay compromiso y sexo, pero no hay amistad, la pareja no prospera ni se lleva a término: hay un tórrido affair o una aventura. Cuando hay pasión y amistad, pero no hay compromiso, tenemos una relación light o que nunca pasa del noviazgo iniciático. Y se agota al final siempre pues no puede crecer sin el compromiso mutuo.
Cuando tenemos las tres cosas, podemos decir que efectivamente, estamos en pareja. Y esas tres cosas, en parte vienen dadas, y en parte requieren de un acto de voluntad. El compromiso es el broche de cierre de una pareja: es lo que la hace redonda y real. Es lo que te hace ir al trabajo todos los días aunque no quieras, porque quieres seguir teniendo una casa, una familia y un fin de semana en el mar. Es lo que te hace conservar las cosas.
La pareja, es, parece, un arte. Pues el material base nos viene dado, pero esculpirla y crearla es ya fruto de un acto de persistencia y de voluntad. Como todo acto creativo, tendrá sus picos y hondonadas, sus ciclos. Como todo acto creativo realmente fructífero, no saldremos corriendo ni abandonaremos la obra sólo porque nos presenta retos aparentemente insalvables. Si estamos lo suficientemente enamorados y motivados, seguiremos hasta el final adelante.
La relación de pareja es un todo completísimo donde elegimos al compañero para la ginkana que es la vida: nos gusta cómo juega, cómo es, sus habilidades, su esencia. Nos gusta estar a su lado. Nos gusta estar juntos.
La relación de pareja trae consigo tres elementos básicos esenciales: la maravilla ésa que se da, y que no sabemos por qué, no se da con nadie más así, de esa manera tan increíble como se da con quien elegimos como pareja. Es la magia, la chispa, el no-se-sabe-qué que nos mantiene unidos, que nos hace especiales como pareja, que hace que seamos nosotros y nadie más que nosotros. Es la pasión de pareja. Incluye el sexo como elemento de apego y de acercamiento, el sexo como pegamento. Es la intimidad de los que se atraen y se aman de esa manera con la que sólo se atraen y se aman los compatibles, cuando la chispa se da entre personas sin patologías notables (huelga decirlo). Es la admiración por el otro, la adoración del otro. Es tenerle en un puesto especial de nuestro corazón sin saber por qué. Porque es él. Porque es ella. Porque es como es. Si hubiéramos de emplear la analogía de la ciencia química, diríamos que es la carga positiva del átomo: la que activa, la que suma, la que hace crecer, la que es intensa y se proyecta hacia más.
El segundo componente es uno más neutro quizá, pero no por ello menos importante: la facilidad para convivir, para estar juntos en lo rutinario u ordinario. Es la comodidad que siento junto al otro en la casa, la facilidad con que me acoplo a su compañía, que me guste que esté cerca mientras trabajo y no me moleste su presencia, que podamos incluso trabajar juntos. Es la clave para una convivencia exitosa: el otro me permite estar en lo privado casi como si estuviera solo: no me incomoda, no me corta, no me sobreexcita. Puedo estar con el otro en lo diario. Es lo que me hace ir al restaurante y estar cómodo en la manera en que el otro está en esas rutinas sociales; es poder ir al supermercado sin cargarme, es pasear sin grandes sobresaltos juntos. Por continuar con la analogía química, la compatibilidad de caracteres sería la carga neutra del átomo: no excita, pero no detrae energía tampoco. No es megaexcitante pero permite algo sereno y básico sin lo que el resto no podría desplegarse y desarrollarse, crecer y volar. Aquí los cónyuges son como amigos, como buenos compañeros de piso.
El tercer elemento es lo que nos molesta y enerva del otro: es aquello que nos irrita o nos parece absurdo en el otro. Lo que no entendemos, o bien el defecto o la tara que vemos en el otro. Es su cabezonería, su frialdad repentina, sus manías absurdas, sus contradicciones. Son sus defectos de carácter. Es el material que permite la unión final y el sostenimiento de la pareja, pues la parte sombría de la pareja va presentándole retos y pruebas, con el fin de que ésta no pierda el tono y se torne fofa. El material negativo es el dragón que esconde el tesoro: son las pruebas de la ginkana. Son aquellas crisis que tras la superación conjunta, hacen a la pareja más pareja de lo que era antes. La unen, la conforman, la esculpen, le van dando forma. Son los electrones de la ecuación atómica del amor de a dos. Son esas cosas que no queremos aceptar en el otro, que no nos gustan, que nos sientan mal. Que nos remueven, que nos acongojan, que nos entristecen, que nos limitan incluso. Son las restas, las divisiones, las ausencias, los enfados, los malentendidos, los abandonos incluso. Y aquí es donde hay que comprometerse a no salir corriendo. Es el tercer componente del amor maduro y estable: el compromiso, la obligación aceptada voluntariamente. El "nos quedamos para el otro pase lo que pase". Sin dudas ni fisuras.
En la química de la pareja los tres aspectos de la misma deben darse de una forma que permita la estabilidad y adecuada transformación y evolución de la misma. El aspecto positivo es la chispa de ignición y lo que mantendrá el vínculo en los tiempos oscuros o escabrosos. Es la pasión. El enamoramiento.
El elemento neutro posibilitará el goce de la convivencia y la formación de una familia. Es la camaradería, la amistad, la complicidad de los que se llevan bien.
Y el elemento negativo mantendrá a la pareja en forma y la hará mover el culo cuando tienda a apalancarse. Le hará separarse para volver a desear la unión. Le hará enfrentarse para volver a recordar cómo se valora la presencia del otro. Le hará retirarse para volver a recordar cómo se echa de menos al otro. Es el compromiso.
Cuando hay compromiso, pero no hay pasión, hay una pareja eficiente pero sin gracia. Cuando hay compromiso y sexo, pero no hay amistad, la pareja no prospera ni se lleva a término: hay un tórrido affair o una aventura. Cuando hay pasión y amistad, pero no hay compromiso, tenemos una relación light o que nunca pasa del noviazgo iniciático. Y se agota al final siempre pues no puede crecer sin el compromiso mutuo.
Cuando tenemos las tres cosas, podemos decir que efectivamente, estamos en pareja. Y esas tres cosas, en parte vienen dadas, y en parte requieren de un acto de voluntad. El compromiso es el broche de cierre de una pareja: es lo que la hace redonda y real. Es lo que te hace ir al trabajo todos los días aunque no quieras, porque quieres seguir teniendo una casa, una familia y un fin de semana en el mar. Es lo que te hace conservar las cosas.
La pareja, es, parece, un arte. Pues el material base nos viene dado, pero esculpirla y crearla es ya fruto de un acto de persistencia y de voluntad. Como todo acto creativo, tendrá sus picos y hondonadas, sus ciclos. Como todo acto creativo realmente fructífero, no saldremos corriendo ni abandonaremos la obra sólo porque nos presenta retos aparentemente insalvables. Si estamos lo suficientemente enamorados y motivados, seguiremos hasta el final adelante.
jueves, 21 de abril de 2016
La psicopatía carnista
Las mafias, cultos demoníacos, organizaciones criminales y sicarios profesionales, y en general, cualquier clase de psicopatía organizada, tiene unos mecanismos concretos de sellar los lazos enfermizos de entre sus captados o víctimas. Todos hemos oído hablar de cómo los pandilleros imponen a quien desea formar parte de su grupo la prueba de fuego de acceso, que suele consistir en la comisión de un delito.
Conocemos también la tesis sobre el triste caso de las niñas de Alcásser, y cómo se barajó la hipótesis de que se tratara de un pacto de sangre para sellar y vincular a personas pertenecientes al crimen organizado.
Las misas negras incluyen siempre la ejecución de varios animales inocentes, y el Ku Kux Klan organiza asesinatos periódicos de negros con el fin de reforzar los lazos criminales entre sus miembros.
Toda vinculación criminal o sectaria se basa en el silencio sobre un acto punible. O sobre la aceptación tácita o expresa de un acto de violencia más o menos vergonzoso.
Cualquiera podría estar ahora retorciéndose incómodo al leer esto, pero no se plantea que, si no es vegano, lo cierto es que está participando en la masacre diaria y psicópata de miles de animales a diario, mientras que a la vez se cree un ser muy civilizado y digno de respeto, así como de exigirlo. Lo sepa o no, lo justifique o no, eso es lo que está haciendo.
El carnismo es el último eslabón de la esclavitud y el secuestro emocional del ser humano. El ser humano está siendo indoctrinado desde que nace, cuando es aún un ser desvalido e inocente, en la normalización y cosificación del asesinato de sus semejantes, los animales, bajo la burda mentira de que, por pertenecer a una especie distinta dentro del mundo animal, no son sujetos, sino objetos. Y no sólo en ello, sino en el sacrificio sangriento y ritualístico diario y, lo más enloquecedor de todo, la ingesta de los restos cadavéricos de su asesinato.
Esta barbarie se disfraza de numerosos eufemismos, convenientemente maquillando la insufrible la realidad: industria cárnica, filete, foia gras, chaqueta plumífera, huevos, producto lácteo, pesca de arrastre, omega 3 y sus beneficios en el colesterol, salchicha, barbacoa dominguera... y más basura pseudocientífica y sociocultural que sólo pretende cegar las conciencias humanas.
Cuando descubres que el huevo es la mucosa ovárica de una hembra, y lo dices, te llaman sujeta provocadora y grosera. Sensacionalista, te dicen. Exagerada. Hasta tal punto nos han ajilipoyado a todos.
Cuando les dices si se inclinarían a chupar las ubres de una cabra o vaca recién devenidas madres para tomar leche, o echarla en el café, o les invitas a que te saquen a tí un poco de la tuya con un sacaleches, te miran horrorizados, sin saber que eso es precisamente en lo que están participando, convenientemente parapetado tras un tetrabrick mentiroso que te enseña a una inocente vaca pastando en un lugar precioso. Mientras que en realidad, la vaca es violada por un mamporrero que a menudo sufre de zoofilia patológica, es explotada, sufre de mastitis, descalcificación, le roban a sus bebés recién nacidos entre lágrimas y violencia digna de psicópata de libro y las succionan con maquinaria sin misericordia de ninguna clase y en la más total de las cautividades.
Si fuera verdad que existe una mafia de origen no terrestre y de ánimo malévolo y explotador, cuya principal misión fuera esquilmar y abusar del humano y del planeta, el carnismo es la mentira más falaz y repugnante que nos hemos tragado para darles el juego energético necesario para seguir siendo los inconscientes zombies participadores y financiadores de sus macabras y diarias misas negras con sacrificio ritual y sangriento de inocentes.
Somos piezas ciegas de un sistema de psicópatas, partícipes teledirigidos de un ritual negro, somos engañados vilmente cada día, nuestro psiquismo es roto y brutalizado respecto de los animales, y vamos por la vida pensando que somos de lo más listos y bondadosos. Mientras, con esa parte secuestrada de nuestro psiquismo, el mal campa a sus anchas, y nos roba la vida y la paz frente a nuestras propias narices y en cada comida diaria que se hace a costa de la vida de un inocente.
Eso es lo que está pasando. Sin tapujos, al desnudo. Puedes salir de ello en cualquier momento, ahora.
El carnismo es la adicción más fuerte que padece el ser humano. La más ciega, la más negada. Posee todos los rasgos típicos del comportamiento adictivo: quien la sufre, no la ve. Quien la sufre, la deniega con todos los argumentos habidos y por haber. Quien la sufre nunca le da la verdadera importancia destructiva que tiene. La niega taciturnamente.
Como el carnismo es la adicción más generalizada y consentida socialmente, es decir, es el vicio más generalizado en la sociedad, al problema de por sí ya peliagudo de sanar dicha adicción, se añade el de lo oculto que el hábito pernicioso o patológico se halla en el psiquismo colectivo.
Otra característica de una adicción es que se torna tal precisamente porque se ha acostumbrado al cuerpo a una química reactiva innecesaria y antinatural, de la cual el cuerpo ya no sabe ni puede desprenderse. La sustancia adictiva es por definición nociva para la salud e INNECESARIA para el organismo. Nadie se hace adicto al brócoli, al arroz o al agua....porque son alimentos naturales y buenos para nosotros. Nadie dice: no podría vivir sin brócoli. En cambio, prescindir del jamón de york, la pechuga de pollo o el queso se nos hace inconcebible, incluso nos irrita, ni de coña vamos a dejar de comernos eso, decimos. No podría vivir sin el queso, sin mi café con leche, sin mi bocata de jamón, sin mi cigarrillo, sin mi cerveza, sin mi marihuana, sin mi coca......cada uno desarrolla una adicción a algo ingerible o adicionable al organismo, y es obvio que siempre cree que es el otro quien tiene la adicción peor, pero no él. Con la devoración animal tristemente creemos esto también, aunque no es cierto. Los veganos de años somos la prueba viviente de que NO es necesario para vivir y tener salud. Los niños criados en el veganismo demuestran la mentira.
El especismo es la violencia más generalizada aún, la más inconsciente, la más silenciada, la más extendida, la más grave, la de mayores repercusiones generales, y, por ello, la que debemos erradicar en cuerpo y alma si realmente aspiramos a la paz social, a la de espíritu, a la espiritual, a la emocional, a todas las paces posibles.
El especismo es una violenta mentira. Una violenta esclavitud. Un tabú lleno de sangre y cadáveres. Es violencia en estado puro. Y si no lo abandonas, esa psicopatía forma parte de tu cuerpo, de tus hijos, de tu casa, de tu vida.
Y no lo sabes. No sabes en realidad de lo que estás formando parte. No lo sabes, porque si lo supieras de verdad, no podrías seguir formando parte de ello.
O al menos, eso espero.
Conocemos también la tesis sobre el triste caso de las niñas de Alcásser, y cómo se barajó la hipótesis de que se tratara de un pacto de sangre para sellar y vincular a personas pertenecientes al crimen organizado.
Las misas negras incluyen siempre la ejecución de varios animales inocentes, y el Ku Kux Klan organiza asesinatos periódicos de negros con el fin de reforzar los lazos criminales entre sus miembros.
Toda vinculación criminal o sectaria se basa en el silencio sobre un acto punible. O sobre la aceptación tácita o expresa de un acto de violencia más o menos vergonzoso.
Cualquiera podría estar ahora retorciéndose incómodo al leer esto, pero no se plantea que, si no es vegano, lo cierto es que está participando en la masacre diaria y psicópata de miles de animales a diario, mientras que a la vez se cree un ser muy civilizado y digno de respeto, así como de exigirlo. Lo sepa o no, lo justifique o no, eso es lo que está haciendo.
El carnismo es el último eslabón de la esclavitud y el secuestro emocional del ser humano. El ser humano está siendo indoctrinado desde que nace, cuando es aún un ser desvalido e inocente, en la normalización y cosificación del asesinato de sus semejantes, los animales, bajo la burda mentira de que, por pertenecer a una especie distinta dentro del mundo animal, no son sujetos, sino objetos. Y no sólo en ello, sino en el sacrificio sangriento y ritualístico diario y, lo más enloquecedor de todo, la ingesta de los restos cadavéricos de su asesinato.
Esta barbarie se disfraza de numerosos eufemismos, convenientemente maquillando la insufrible la realidad: industria cárnica, filete, foia gras, chaqueta plumífera, huevos, producto lácteo, pesca de arrastre, omega 3 y sus beneficios en el colesterol, salchicha, barbacoa dominguera... y más basura pseudocientífica y sociocultural que sólo pretende cegar las conciencias humanas.
Cuando descubres que el huevo es la mucosa ovárica de una hembra, y lo dices, te llaman sujeta provocadora y grosera. Sensacionalista, te dicen. Exagerada. Hasta tal punto nos han ajilipoyado a todos.
Cuando les dices si se inclinarían a chupar las ubres de una cabra o vaca recién devenidas madres para tomar leche, o echarla en el café, o les invitas a que te saquen a tí un poco de la tuya con un sacaleches, te miran horrorizados, sin saber que eso es precisamente en lo que están participando, convenientemente parapetado tras un tetrabrick mentiroso que te enseña a una inocente vaca pastando en un lugar precioso. Mientras que en realidad, la vaca es violada por un mamporrero que a menudo sufre de zoofilia patológica, es explotada, sufre de mastitis, descalcificación, le roban a sus bebés recién nacidos entre lágrimas y violencia digna de psicópata de libro y las succionan con maquinaria sin misericordia de ninguna clase y en la más total de las cautividades.
Si fuera verdad que existe una mafia de origen no terrestre y de ánimo malévolo y explotador, cuya principal misión fuera esquilmar y abusar del humano y del planeta, el carnismo es la mentira más falaz y repugnante que nos hemos tragado para darles el juego energético necesario para seguir siendo los inconscientes zombies participadores y financiadores de sus macabras y diarias misas negras con sacrificio ritual y sangriento de inocentes.
Somos piezas ciegas de un sistema de psicópatas, partícipes teledirigidos de un ritual negro, somos engañados vilmente cada día, nuestro psiquismo es roto y brutalizado respecto de los animales, y vamos por la vida pensando que somos de lo más listos y bondadosos. Mientras, con esa parte secuestrada de nuestro psiquismo, el mal campa a sus anchas, y nos roba la vida y la paz frente a nuestras propias narices y en cada comida diaria que se hace a costa de la vida de un inocente.
Eso es lo que está pasando. Sin tapujos, al desnudo. Puedes salir de ello en cualquier momento, ahora.
El carnismo es la adicción más fuerte que padece el ser humano. La más ciega, la más negada. Posee todos los rasgos típicos del comportamiento adictivo: quien la sufre, no la ve. Quien la sufre, la deniega con todos los argumentos habidos y por haber. Quien la sufre nunca le da la verdadera importancia destructiva que tiene. La niega taciturnamente.
Como el carnismo es la adicción más generalizada y consentida socialmente, es decir, es el vicio más generalizado en la sociedad, al problema de por sí ya peliagudo de sanar dicha adicción, se añade el de lo oculto que el hábito pernicioso o patológico se halla en el psiquismo colectivo.
Otra característica de una adicción es que se torna tal precisamente porque se ha acostumbrado al cuerpo a una química reactiva innecesaria y antinatural, de la cual el cuerpo ya no sabe ni puede desprenderse. La sustancia adictiva es por definición nociva para la salud e INNECESARIA para el organismo. Nadie se hace adicto al brócoli, al arroz o al agua....porque son alimentos naturales y buenos para nosotros. Nadie dice: no podría vivir sin brócoli. En cambio, prescindir del jamón de york, la pechuga de pollo o el queso se nos hace inconcebible, incluso nos irrita, ni de coña vamos a dejar de comernos eso, decimos. No podría vivir sin el queso, sin mi café con leche, sin mi bocata de jamón, sin mi cigarrillo, sin mi cerveza, sin mi marihuana, sin mi coca......cada uno desarrolla una adicción a algo ingerible o adicionable al organismo, y es obvio que siempre cree que es el otro quien tiene la adicción peor, pero no él. Con la devoración animal tristemente creemos esto también, aunque no es cierto. Los veganos de años somos la prueba viviente de que NO es necesario para vivir y tener salud. Los niños criados en el veganismo demuestran la mentira.
El especismo es la violencia más generalizada aún, la más inconsciente, la más silenciada, la más extendida, la más grave, la de mayores repercusiones generales, y, por ello, la que debemos erradicar en cuerpo y alma si realmente aspiramos a la paz social, a la de espíritu, a la espiritual, a la emocional, a todas las paces posibles.
El especismo es una violenta mentira. Una violenta esclavitud. Un tabú lleno de sangre y cadáveres. Es violencia en estado puro. Y si no lo abandonas, esa psicopatía forma parte de tu cuerpo, de tus hijos, de tu casa, de tu vida.
Y no lo sabes. No sabes en realidad de lo que estás formando parte. No lo sabes, porque si lo supieras de verdad, no podrías seguir formando parte de ello.
O al menos, eso espero.
sábado, 29 de agosto de 2015
El veganismo es "the only way out"
El origen del señorío sobre todo lo
que habita en la Tierra tiene sus raíces en el Génesis, donde un
tal sospechoso marimandón Yahvé le confirió al primero de a bordo (un
varón) la potestad para mandar de todo lo que se meneara sobre la
faz de la tierra: mujer, hijos y bestias. Ya en las
primeras definiciones de los Códigos Romanos de Derecho Civil más arcaicos, se
recogió esta idea y se definió la "patria potestas" (o
poder de los padres) como "El derecho del padre de familia a
decidir sobre la vida y la muerte de todo lo que morara bajo su casa
o domus (de ahí viene el término "doméstico"): mujer, hijos,
animales y esclavos". La tierra, también, quedó a merced del varón, con todos sus frutos. En pocas palabras: el hombre, el pater, el patriarca, quedaba entronado como un microdios que podía
hacer lo que quisiera con sus "pertenencias familiares",
las cuales abarcaban también a los seres vivos. Podía matarlos si quería
(siempre que justificara la rebeldía previa de sus subordinados), sin que su decisión de hacerlo constituyera un delito bajo dichas circunstancias correctivas (que huelga decir, eran harto laxas y refrendadas por el resto de paters); en su status de dios (léase "sujeto que se coloca por encima de las leyes de la sociedad para hacer lo que le dé la gana"), sus derechos eran también los derechos sobre la vida y la muerte de aquellos que no eran más que piezas orgánicas al servicio de su violenta economía personal. Aquí se aprecia de forma descarada ya la
cosificación que se hace de los seres vivos, que pasan a estar
desprovistos de dignidad, sentimientos y derechos, invisibilizados e idiotizados, todo con el único fin
de hacer medrar al pater familias y de reforzar la idea de que su poder es omnímodo ( y omnívoro; ...que la relación de palabras no obedece a la mera casualidad...). La economía, desde entonces, se ha
basado, primero abiertamente, y después más sutilmente, y siempre de momento, en la explotación, la muerte y la crueldad ejercida sobre otros seres, de ahí
que más que economía, sea una tiranomía. Pues el término "economía" significa equilibrio o equivalencia de valores entre los símbolos objeto de comercio o comerciables ("res in commercium"); en lenguaje coloquial: la contraprestación, equitativa en valores, de los bienes y servicios que se ofertan y demandan por las personas. Ese equilibrio (y podemos ahora tener en mente una balanza de pesar para comprenderlo gráficamente) supone que lo que ponemos a un lado y a otro, está igualitaria y justamente valorado. De lo contrario, la balanza cae hacia un lado u otro (pues los sujetos del intercambio no reciben igual valor, y por tanto, tampoco sus servicios y trabajos), en lo que los economistas llaman "inflación" y "deflación". Es muy fácil: si yo establezco que una mujer vale menos que un hombre, ya he sentado las bases de la economía deficitaria, pues queda claro que la mujer habrá de poner el triple en el platillo de la balanza abusica para que equivalga a lo que da el varón. Uno de los sujetos, por ello, siempre perderá, haciendo al otro medrar en base a un enriquecimiento injusto. Veamos con claridad que para que eso suceda, primero alguien ha tenido, como en un Monopoly, que establecer la jerarquía de valores, en este caso, desigualitarios y tiránicos. Es imposible que sobre esa base se produzca jamás una economía saneada y saludable.
Desde el inicio de la
historia de la opresión, ésta se incardinó con una figura clara opresora (el
pater) y las categorías oprimidas (que en aquel entonces se tenían
por intercambiables y de igual o similar ralea entre sí: mujeres, niños, animales y esclavos). Esta simplista y horrenda configuración de la base de la economía del mundo, puede ahora hacernos entender, por ejemplo, la costumbre
de trocar mujeres por ganado, o esclavos por animales, o esclavos
por mujeres, o niños por ganado, o entregar hijas a cambio de dotes o de dinero..... Ya entonces los
animales valían menos que nadie, y eran la categoría de los abusados de menor consideración, pues lo normal era que a cambio de
una persona se ofrecieran varios animales, según el tamaño y
utilidad de los mismos, utilidad que incluyó la abominable costumbre de comérselos también. Una mujer, como hemos leído en muchos textos antiguos, podía equivaler a un caballo, o a 10 gallinas,
por ejemplo.
Para poder abusar a alguien, primero hay que romperle el alma, el cuerpo, la integridad. Hay que privarle de su dignidad. Hay que generar un TRAUMA o ruptura psíquica. Podemos afirmar, sin temor a equivocarnos, que la base de nuestra socioeconomía es la traumatización y el abuso. En este poco menos que psicopático modo de ser y de ver las cosas, origen del mal en el mundo nuestro, el valor más denostado es, lógicamente, el de la inocencia, a la que se ataca y destruye desde el minuto uno. Los animales, hoy en día, valen menos que nadie en este macabro juego económico, porque son los más
vulnerables e inocentes de entre los seres sintientes. "Cuanto más inocente y bueno, peor te irá": éste es el mensaje de fondo que nos ha sido dado. De ahí que todos los seres humanos hemos debido de desarrollar una coraza caracteriológica que guarde secretamente escondido el tabú de los tabúes, el arma de destrucción masiva: que se nos ha traumatizado desde que vinimos a este mundo, y que sobre la base de ese silencio mudo de lo que todos sabemos en realidad, celosamente guardado por el pavor, yacen los locos cimientos de nuestra sociedad. Como buenos sujetos indoctrinados, guardamos el famoso pacto de silencio que algunos ingenuos creen que sólo a los illuminatti se les exige. Cuando la verdad es que todos "callamos como putas" cada día porque tenemos miedo, porque sabemos lo que les pasa a los disidentes, a los que exponen las verdades incómodas. Porque el que va digno pierde el trabajo, y el que habla abiertamente del carnismo, se queda prácticamente sin amigos. Todos y cada uno de nosotros somos parte de la Bestia.
Se hace necesario, en este demente organigrama del psicópata, implantar la cosificación
como algo normal, lo cual se logra mediante la traumatización de los individuos, que
sólo se logra a su vez con violencia de toda clase y con un entrenamiento
constante en la justificación del dolor o el abuso ( normalización de la violencia), que irá conformando, capa a capa, la coraza
caracteriológica o ego que se hace preciso construir para sobrevivir en
esa clase de sistema. El patriarcado considera que la inocencia y
la vida no valen nada. Ése es su sistema de valores. Simple. Ése es el loco sistema de valores de la
economía mundial, reflejo de su forma de pensar, de sus
inconsciencias. Llevamos comerciando con la vida ajena desde
hace milenios ya . Apoderándonos del cuerpo del otro, de la otra: trata de blancas, violencia de género, abusos a menores, holocausto animal, racismo, adultocentrismo, ablaciones, malos tratos, violaciones, asesinato en masa de animales diario.......¿ no son todos acaso actos de apoderamiento de la vida, del cuerpo del otro? Nada
cambiará si esa base misma no se abandona. Se puede afirmar sin
temor a equivocarse, y siendo tan impactante e inaceptable como es,
que la economía global se sostiene sobre el sufrimiento y la
opresión, cuando no el asesinato planificado, de los sujetos
oprimidos (mujeres, mano de obra infantil, industrias cárnicas,
lácteas, peleteras...todas ellas se hinchan de dinero a cambio de
poco o nada, de ahí que adquieran tamaño poder y nivel de
beneficios). El animal es simplemente raptado, sin más, no se paga a nadie por él ( en el inicio del ciclo económico). Igual que en la trata de blancas: el bien de consumo no ha costado nada: se ha secuestrado o tomado a la fuerza, y ya. A partir de ahí, todo son beneficios. Pero....¿hay oferta sin demanda?
Desde
el inicio de la etapa patriarcal carnista, los distintos colectivos objeto de opresión han corrido
desigual suerte en su carrera por la dignidad y la libertad, siendo
los hermanos negros o de piel morena y los niños los primeros en lograr
cambios fuertes en el trato digno que se les debe; yo diría que en segundo lugar o en uno muy similar
al de la infancia va avanzando la liberación de la mujer (que tira
también de los niños muchas veces), y quedando en último y
totalmente olvidado lugar, están los animales, los cuales, por su propia
naturaleza, no pueden ser liberados sin la acción directa de los
humanos. Entendamos que ellos no tienen la capacidad de hacerlo por sí mismos, nunca. Son como nuestros hermanos pequeños esperando que alguien rompa una lanza por ellos.
Una táctica de opresión que se usa para facilitar la
misma, es la de crear subcategorías dentro de los sujetos oprimidos, de
modo que entre ellos no se produzca la unión que haría peligrar el
sistema de opresión. Así, a la madre se le da una dudosa autoridad
en ciertas cuestiones atinentes a los hijos; a todos, desde luego,
sobre los animales (que son los seres vivos más oprimidos de la
historia de la tierra), y a la mujer y al niño sobre el esclavo. En
la cúspide está el varón, que en versión microdoméstica
representa el megasistema (la famosa pirámide con el ojo que todo lo vigila: el pater familias, el microdictador doméstico, el tirano dentro de la tiranía general, el enemigo dentro). Y cuando hablo del pater, lo hago, no en sentido de género, sino ya meramente en sentido de "actitud de control y abuso". En este loco organigrama del abuso, se reparte el poder cual puñado de migajas de subsistencia, y se pone a unos oprimidos contra otros manipulándolos adecuadamente con distintas y transversales zanahorias del poder de pacotilla que un sistema así, necesariamente, nos puede ofrecer.
Consecuentemente, ninguna ideología de la liberación hecha por humanos será real si tiene puesto el velo especista en los ojos, y tengo la firme convicción de que éste es el último y más tupido velo a descorrer en la retina del ser humano. Pues la justicia, por su propia definición, o es para todos, o ésta ya no existe. No se puede predicar la liberación de unos mientras se masacra tranquilamente a los otros (y, así, hablo sobre la opresión machista mientras me bebo un vaso de leche o me tomo una tapa de jamón, sólo por poner un ejemplo).
Consecuentemente, ninguna ideología de la liberación hecha por humanos será real si tiene puesto el velo especista en los ojos, y tengo la firme convicción de que éste es el último y más tupido velo a descorrer en la retina del ser humano. Pues la justicia, por su propia definición, o es para todos, o ésta ya no existe. No se puede predicar la liberación de unos mientras se masacra tranquilamente a los otros (y, así, hablo sobre la opresión machista mientras me bebo un vaso de leche o me tomo una tapa de jamón, sólo por poner un ejemplo).
De ahí que la ideología de la liberación es forzosamente
vegana, por llamarlo de alguna manera, pues es la única que insiste en destapar también
esta falacia del especismo como clave para lograr la auténtica
liberación social, y como única vía real, al final, de que la
desigualdad realmente termine. En la economía de valores del
patriarcado, a mayor inocencia y vulnerabilidad, menos valor, es
decir, mayor potestas sobre el sujeto y mayor grado de abuso. Es
intolerable que sea así, pues en la realidad es justamente lo contrario: a mayor
respeto por la vida y por la vulnerabilidad de los más inocentes y
desvalidos de nosotros, mayor valor hemos de darle a todo lo que
respete el derecho a vivir que tenemos TODOS sin excepción. El
sistema de valores no podrá ser revertido si los animales no son
liberados también, y todo lo que no les incluya en la ecuación,
volverá a ser, por pura lógica, una versión más del patriarcado
y de la desigualdad, con independencia de la cobertura ideológica
con que se barnice la idea, pues la igualdad, o se predica de todos, o no se
predica en realidad. Y el especismo es, probablemente, el último as
en la manga escondido por el ladino demirugo que escribe la historia del sufrimiento.
No hay felicidad ni paz sin veganismo, así de sencillo. El veganismo trasciende todos los movimientos e -ismos, y se sitúa en la raíz misma del problema. Estamos legitimados para rescatar a los animales y luchar por sus derechos, pues el resto de posibilidades son meras falacias.
Tengámoslo claro.
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viernes, 8 de mayo de 2015
Por el amor
Por el amor que te tuve,
y que te tengo,
descubrí
que
nuestro amor era perfecto.
Descubrí que cada ciclo traía, trae,
un esquema inmutable de amor siempre renovable.
Descubrí que cada invierno, nos hubiéramos conocido de nuevo,
y habríamos hecho un refugio de mantas y oscuridades,
y el amor habría sido lento y comedido,
sencillo y desnudo,
como los tallos secos de los árboles del invierno.
Descubrí que cada uno de esos días fríos y grises,
de lluvia y luces pulidas,
hubiera traído una primavera de frutos,
y flores y adolescencias,
y me habrías conocido joven y doncella,
otra vez yo, otra vez todas ellas.
Descubrí que en ese goce, habría llegado el verano,
una apoteosis de sexo y pasión y adultez consumada
y promesas de niños nuestros, y éxtasis, y calor.
Descubrí también que tras este plexo,
se escondía un romántico otoño, de decadencia suave
y luces rojizas, de un amor que se derrite tranquilo y se apaga
suavemente
con la enorme belleza de los portales,
de un umbral de un nuevo invierno
de cama y casa de los que se aman sin fin,
para conocernos de nuevo,
para volver a empezar siendo otros y los mismos,
y envejecer de nuevo acurrucados
y morir entre las brasas de otro nuevo, antiguo ciclo eterno.
Todo esto y más he sabido, por el amor que te tengo.
sábado, 18 de abril de 2015
Digamos IV
Digamos que tú eres la puerta. Supongamos que mi anhelo más profundo es amarte siempre, tenerte siempre a mi lado. Supongamos que lo que me mantiene viva es despertar un día y hacer el amor contigo en casa, y siempre en casa, y a todas partes, y en París, y en la soledad, pero volver siempre a ti.
Digamos que si eso no pasara, la vida va a desaparecer.
Supongamos que tú eres la llama que sostiene mi vida. El calor del horno creador donde se cuecen los panes de cada día, la vela antigua que aguarda, la luz blanca, mi esposo y mi esposa, la mirada, el enamoramiento profundo y perpetuo.
Digamos que ahora me pongo trágica y me instalo en el tiempo y mi vida acaba, y te sigo buscando, siempre buscando. Supongamos que mi vida es buscarte, y eso me hace desgarrarme y llorar.
Supongamos que no hallo el huequecito, la fisura, el quicio de la puerta, que los bucles se hacen infinitesimales, que todo pasa y nada pasa. Digamos que sin ti no hay música.
Digamos también que lo único que cabe ya es un milagro. Digamos a continuación que sólo creo en los milagros. Y que mi tía abuela se llamaba Milagros y era sorda y no tuvo hijos. Y que se mareaba si me miraba al balancearme yo en su mecedora de madera.
Digamos, por proseguir, que lo único que quiero y anhelo y deseo y rezo y pido y pienso y suspiro y atesoro eres tú, o el recuerdo que me quedó de ti. Supongamos que un recuerdo siempre vivo ha de ser cualquier otra cosa, menos eso. Ha de ser, tal vez, la añorada patria, y el destino.
Supongamos que estoy cansada de caminar y de peregrinar, y que ya no te busco ni me muevo, que como un burro taciturno me hinco en este recodo del silencio y me niego a moverme hasta que vengas. O, mejor, hasta que un día te encuentre por esos caminos cercanos por donde siempre está tu fantasma blanco, o, mejor aún, hasta que un día Dios me sorprenda por fin y te esté besando fuera del tiempo y besando y besando y besando y besando y besando y mirando y mirando y mirando y mirando y mirando y amando y amando y amando y amando y amando..............
Dios Mío, por favor: ¡ todo esto digamos!
Digamos III
Digamos que desde que nací te he estado buscando. Supongamos que siempre te sentí. Que estás firmemente arraigado en mí desde el principio de los tiempos. Que en la base blanca de toda aquella parafernalia de cartón-piedra, estabas tú fragmentado en una intrincada historia, como un juego de piezas de puzzle, con personajes repetidos y nombres que se duplicaban y un dolor de creer que nunca te encontraría.
Digamos que encontrarte y amarte es, ha sido, es, sería, será, hubiera sido, habría sido, fue y era la razón de mi existencia.
Supongamos que te amo búdicamente, paradisíacamente, en todos los planos y esferas. Digamos que tú eres el cosmos. Mi cosmos, mi algo, mi todo, y nada mío y todo dentro y nada fuera y el que nada no se ahoga.
Supongamos que te veo todos los días en una montaña frente a mi casa, más guapo que todos los soles, dorado, sonriente, y que tú eres para mí la imagen personificada del amor.
Todo esto, digamos.
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