Toma estas palabras como lo que son: nubes efímeras, formas variantes que se complacen en sí mismas, sin otra intención que la de jugar y pasar de largo, sin peso.Si quieres disfrutar de palabras que son nubes, yo las comparto aquí por el mero placer de compartir.
domingo, 12 de octubre de 2014
365 días
Han pasado.
Y aún no me has abandonado.
En la negación y en la belleza.
En la nada y en el todo.
En el medio, en todos los grados de la circunferencia.
Nada entiendo.
Han pasado, y por ellos he pasado.
En el desprecio, en el desdén, en la ignorancia.
En el raciocinio, en la ausencia de él.
En el más profundo de los sufrimientos.
No quiero encontrarte, no quiero perderte.
Quiero moverme y no puedo.
Estoy anclada a tu recuerdo.
Quiero seguir mi vida y no puedo.
Me aferro a las formas y a los procedimientos.
Sé que no debería sentirlo ni decirlo.
Pero siento que te quiero
de una manera que no entiendo.
365 días y otro umbral perdido de otoño.
La espiral que amenaza con ser eterna.
No quiero.
No te hallo en ningún sitio, pero estás en todas partes.
Mi amor, yo te quiero, te quiero, te quiero.
365 días de presencia ausente, de ausencia omnipresente.
Tú me has dicho que soy mero recuerdo,
que no me quieres,
que soy pasado muerto.
Pues yo, sin saber por qué,
aún te espero.
Ten misericordia, y déjame si de verdad no me quieres.
Dímelo claro y a los ojos, pero dímelo.
A todas horas te sueño o te malsueño,
a todas horas te tomo y te dejo,
siento un amor sin causa, un dulce revuelo,
una pasión que muere y revive,
y muere y revive,
en un ciclo eterno.
Aún no puedo amar a otros,
aún cierro los ojos y pienso que eres tú.
No lo entiendo. Pues no quiero quererte, te lo digo en serio.
365 días de silencio.
Yo te quiero.
Si pudiera cumplir un sueño,
sería el de amarte bien
y por siempre.
Sería el de encontrar esa fina cabeza de aguja
que guarda la puerta del reino.
365 días.....¿cuántos más en el desconsuelo?
Estás por todas partes,
quiero irme de aquí,
lo intento,
pero no puedo.
Preparo el templo,
silencioso y luminoso,
dorado, único, hermoso.
Tus ojos en todas partes,
incluso en los míos.
Visiones y más visiones,
laberintos y caleidoscopios,
cada vez que triunfo sobre tu memoria,
viene un nuevo rostro tuyo
que me atrapa de nuevo.
Me aterra hallarte fuera,
pero siempre estás dentro.
Y dentro me quieres, y me llamas
todos aquellos nombres
de dulzura
y lloras en mis brazos,
y eres mi amor de todos los tiempos.
Todo se despliega y avanza,
el mundo se cae en pedazos,
ya no tengo deseos de nada,
ni siquiera de cantarle al viento,
sólo sueño con nuestros paisajes
y la fuente de vida de tu cuerpo.
Dios Mío, por favor,
ayúdame a entenderlo, a olvidarlo,
a volver a sonreír.
Si no eres para mí,
déjame alzar ya el vuelo.
365 días: y aún te quiero.
No puedo odiarte, y te he odiado.
No puedo quererte, y no pienso en otra cosa más que en ti.
En ti duermo, sobrevivo y sufro,
en ti despierto, en ti lloro,
en ti me ahogo en el lodo
en ti tiemblo
de ira y de miedo.
En ti quisiera derramar toda la dulzura
y ungirte con mi esencia
para que nunca más
nos confundieran los olores de los avernos,
en ti quisiera ser ungida
y no volver a separarme
de la hebra de mi constitución
binaria, que tú eres,
de mi mismo ADN.
Incluso tu infierno amo y perdono,
tal y como querías.
Incluso a pesar de todo,
sólo la rendición encuentro.
No volveré a pasar por la ignominia
y ése,
ése es mi único tablón
de salvamento.
sábado, 27 de septiembre de 2014
Amor incondicional y créditos ilimitados
Hay quienes predican el amor incondicional como ideal de virtud, como moneda de cambio debida siempre y en todo caso, sin condiciones. Ámame porque sí, te dicen. Porque eso es lo que hay que hacer, porque eso es espiritual, porque eso es el ideal.
Pedir amor sin causa es como ir al banco y pedir que te concedan un crédito ilimitado sin garantías. Porque tú lo vales, y sanseacabó. Sin dar explicaciones, sin aval, sin decir para qué lo quieres y sin demostrar que lo mereces y serás capaz de manejar tanto dinero bien, y sobre todo, de devolverlo adecuadamente a quien te lo dio. Aunque somos perfectamente capaces de entender la absurdidad de este ejemplo, no obstante, cuando se trata de las relaciones personales, predicamos la misma insensatez sin reflexionar si es legítimo, o siquiera inteligente, exigir amar o ser amado sin realizar merecimientos o presentar garantías de que merecemos dicho trato.
Amar sin condición es apelar a lo más estúpido que hay en nosotros, y pretender anular la inteligencia y el raciocinio, porque la verdad es que no podemos (ni debemos) amar a quien no ha ofrecido motivos para ello. Y lo contrario es forzar nuestros sentimientos a un grado de sumisión insulsa y boba que sólo puede beneficiar, como el ejemplo del banco, a quien pretende que se lo den todo sin que haya origen o motivo para ello.
Se ama con causa, y si no se ama así, no se ama en realidad. Sin pretender dudar de la confianza nata del ser humano y su natural predisposición al buen rollo, lo cierto es que no podemos jamás amar a quien es un cabrón o abusa de nosotros, o nos ignora o no cuida. Es lo natural, y lo inteligente.
Yo no amo a ciertas personas, y no por ello me considero peor persona que quien afirma lo contrario. No las amo porque fueron mezquinas y dañinas, porque las vi estafar a otros, porque las vi reírse de los indefensos, porque los vi afirmar que "a la mujer se le pega hoy, y se la folla mañana". Yo no amo a esas personas y nunca las amaré.
Yo no regalo mi vida y mi tiempo a los ladrones y a los necios, a los desconsiderados y a los advenedizos. Y si pretenden otra cosa, se engañan. Mi amor es causal, mis créditos se dan con garantía.
Y nadie realmente honesto me pedirá jamás que le quiera porque sí, porque dicha petición ya será sintomática de una irracionalidad y una desfachatez que, estoy segura, sólo me llevará a la bancarrota emocional.
Tengo derecho a aplicar mi juicio, mi sano juicio, para discernir adecuadamente quién me quiere de verdad y quién no, y nadie puede jamás forzarme a sentir algo que no se merece a la vista de sus actuaciones egoístas y mediocres.
Yo no amo incondicionalmente.
sábado, 13 de septiembre de 2014
Que paren el mundo, que me apeo
Hoy he decidido apretar el freno de mano de la maquinaria enloquecida del mundo, y me apeo. Que lo paren, que me apeo.
No logro entenderlo, ni podré nunca hacerlo. Simplemente, no puedo.
Como no lo entiendo, y muero cada vez que trato de entenderlo, y como no me gusta, me voy.
Me despido hoy de la farsa del mundo. Una farsa de principio a fin, donde, al igual que en los bucles informáticos, la única solución es salir del bucle.
Los propios presupuestos de este mundo me resultan incomprensibles, y, sobre todo, impracticables. Yo no comparto el destino de este tren, ni me divierten sus viajeros, ni me inspiran, ni me hacen reír, ni me cuentan bonitas historias, ni parecen querer escucharme cuando les aviso de que las vías están rompiéndose en pedazos.
No me estrellaré junto a vosotros. Porque amo la vida, y a los que la aman. Porque hay demasiados niños que sueñan y estrellas que brillan en el cielo. Porque hay demasiada belleza como para hacerle un feo. No voy a traicionar la vida.
Yo no entiendo el mundo, ni quiero entenderlo. No quiero entender la falta de ternura ni de juego. No quiero entender la falta de inocencia, ni la avaricia. No quiero entender los problemas sin causa, ni el miedo de las mentes enloquecidas. No quiero quejas que no quieren soluciones. No quiero enfermos que no quieren salud. No quiero victimas que no quieren libertad. No quiero verdugos que no quieren amor.
No quiero entender el vacío de quien renuncia a sus sueños. No soy cómplice de quien mata la niñez, la que está en los cuerpos pequeños, y la que vive en los corazones de los cuerpos grandes.
Me han mostrado una bifurcación, y ya he elegido mi camino.
He parado el tren del mundo, y yo me apeo. Hasta siempre, o hasta nunca, tú decides:
Carolina Espejo
No logro entenderlo, ni podré nunca hacerlo. Simplemente, no puedo.
Como no lo entiendo, y muero cada vez que trato de entenderlo, y como no me gusta, me voy.
Me despido hoy de la farsa del mundo. Una farsa de principio a fin, donde, al igual que en los bucles informáticos, la única solución es salir del bucle.
Los propios presupuestos de este mundo me resultan incomprensibles, y, sobre todo, impracticables. Yo no comparto el destino de este tren, ni me divierten sus viajeros, ni me inspiran, ni me hacen reír, ni me cuentan bonitas historias, ni parecen querer escucharme cuando les aviso de que las vías están rompiéndose en pedazos.
No me estrellaré junto a vosotros. Porque amo la vida, y a los que la aman. Porque hay demasiados niños que sueñan y estrellas que brillan en el cielo. Porque hay demasiada belleza como para hacerle un feo. No voy a traicionar la vida.
Yo no entiendo el mundo, ni quiero entenderlo. No quiero entender la falta de ternura ni de juego. No quiero entender la falta de inocencia, ni la avaricia. No quiero entender los problemas sin causa, ni el miedo de las mentes enloquecidas. No quiero quejas que no quieren soluciones. No quiero enfermos que no quieren salud. No quiero victimas que no quieren libertad. No quiero verdugos que no quieren amor.
No quiero entender el vacío de quien renuncia a sus sueños. No soy cómplice de quien mata la niñez, la que está en los cuerpos pequeños, y la que vive en los corazones de los cuerpos grandes.
Me han mostrado una bifurcación, y ya he elegido mi camino.
He parado el tren del mundo, y yo me apeo. Hasta siempre, o hasta nunca, tú decides:
Carolina Espejo
viernes, 5 de septiembre de 2014
De por qué me desenamoré de Pablo Iglesias
Cuando le conocí, me causó la misma e idéntica sensación que causa a todo aquel que se arrima a Podemos. Por fin, un chaval inteligente, atrevido, de impecable discurso, con temática concreta, un luchador, uno que había mordido el polvo también, uno que apelaba a la agudeza mental, que no se arredraba ante nadie, que aborrecía el populismo, un primus inter pares.
Mi primera decepción la tuve cuando vi una foto de él muy preparada, demasiado. Su mirada era la de un engreído que se tocaba con el halo del megalomanismo intelectual y político, pero no quise verlo entonces. Me dije a mí misma que todos tenemos el derecho a caer en esta falacia de vez en cuando, y que la fama no debe ser fácil de manejar. Le supe humano, como yo, capaz de poner cara de gilipollas en una foto, como cualquiera de nosotros.
Un día, me resultó sorpresivamente irritante cuando le oí hablar en un debate televisivo, y me supo a ajo, por lo repetitivo. Me dije a mí misma: "Podrías abandonar de una vez ese personaje de grano en el culo que a veces no te permite ver que lo que dices se sale de tono". Pero le entendí, porque eso nos puede pasar a cualquiera, y no es fácil ser un tipo tan inteligente como lo es él, y con tanto carisma y capacidad de embelesar a la cámara. Seguí siéndole fiel, pues, necesitada como estaba de un nuevo prócer, esta vez con coleta y pinta de tío guay. Y feminista, aunque, por mucho que sigo intentándolo, no logro calzarme tampoco con este zapato.
No estaría diciendo nada de esto si no fuera por lo que pasó antes de las elecciones a las Europeas. Porque ahí Pablo me puso los cuernos, y públicamente. Colgó un vídeo titulado Ratonlandia. En él, Pablo, muy suelto y a sus anchas, casi como de estar por casa, nos contaba un cuento. Así, espontáneamente, como es él. Nada preparado.Un cuento sobre unos lindos ratoncitos, muy buenos e inocentes todos, muy tiernos y entrañables. Los ratoncitos, no obstante, eran tontos, porque llevaban toda la vida votando a gatos, que, todo el mundo sabe, y suponemos que los ratones más que nadie, se alimentan, entre otras cosas, de roedores frescos a los que se deleitan en dar caza. Me sentí un poco imbécil como destinataria de la fábula, casi como si Pablo se creyera que soy lerda. La inocencia y la estupidez quedaban amalgamadas de una forma incierta en la sucesión de los fotogramas, casi como asociándolas, y eso, eso me cabreó bastante. Empezó a disgustarme el vídeo, y no lograba entender el porqué. Los dibujos animados no ayudaban precisamente a combatir mi sentimiento de infantilización creciente. Y eso que me gustan. Me debatía entre la fidelidad a Pablo y a lo que supuestamente decía representar, y el hecho deprimente de que me contara un bobalicón cuento donde sugería que yo era, poco menos, un ser humano de inteligencia equiparable a la de un cándido roedor urbano. Instintivamente, me preparé para lo peor. Mi intuición me avisaba de algo, algo desagradable y mezquino, pero aún así continué mirando el vídeo. Y, entonces, lo vi. Minuto tres, entre el segundo seis y siete. Lo vi.
Y así se consumó la traición. Pablo, el diferente, el portavoz de los oprimidos, había usado la subliminalidad. Ese recurso tan propio de los que no manipulan a las masas. Ese recurso tan considerado hacia la inteligencia ajena. Por si acaso no me había tragado el cuento hasta el final, ahí estaba el fotograma de Pablo insertado rápidamente justo cuando el líder de los ratones se subía a un montículo como el cabeza indiscutible del populacho ratonil. Mi amor se rompió en pedazos.
Le pedí explicaciones, y no fui la única. Tal vez se trataba de un error. Nunca contestó. Aunque siga vendiendo la idea de la circularidad y del, ahora sí puedo darle la razón a sus críticos, del más cutre y burdo de los populismos. Has insultado mi inteligencia, Pablo, o lo has intentado. Ya no te creo. Que luego hayas colgado vídeos donde defiendes el uso de las armas entre la población, me ha decidido a arrojarte al cubo de reciclaje de forma definitiva.
Pero lo peor de todo no es eso. Lo peor de todo es que ninguno de sus adoradores roedores ha querido verlo ni hablar de ello. Ninguno ha querido pararse a pensar quién es este tipo que dice unas cosas y actúa de otras. El fin nunca ha justificado los medios. Y eso, en teoría, lo decía él mismo. En teoría.
Que te aproveche el absurdo empacho de gloria política, Pablo. No digas nada sobre esta cutrez, ni ninguno de los que, en el fondo, debéis ser meras réplicas de un advenedizo. Si, estoy despechada, y con razón. ¿O tal ves sólo jugáis al circo de las vanidades? Me has demostrado, Pablo, que es lo que quieres en realidad. Aunque los lindos ratoncitos a los que dices defender te merezcan tan baja consideración como para ponerles unos dibujitos y encasquetarles, en su confiada inocencia, un fotograma tuyo para dejar bien claro que no confías en ellos, porque son tontos. Porque tienen que votarte, aunque sea de esta forma tan ridícula y barriobajera. ¿Tan poco real eres que necesitas recurrir a estos trucos de la propaganda y la manipulación entre aquellos a quienes dices representar? Para mí, nada nuevo supones. Porque esto es más viejo que Matusalén. Y no funciona. Y no lo quiero. Y no te quiero, Pablo, no, no te quiero.
Firmado: la flautista de Hamelin
Mi primera decepción la tuve cuando vi una foto de él muy preparada, demasiado. Su mirada era la de un engreído que se tocaba con el halo del megalomanismo intelectual y político, pero no quise verlo entonces. Me dije a mí misma que todos tenemos el derecho a caer en esta falacia de vez en cuando, y que la fama no debe ser fácil de manejar. Le supe humano, como yo, capaz de poner cara de gilipollas en una foto, como cualquiera de nosotros.
Un día, me resultó sorpresivamente irritante cuando le oí hablar en un debate televisivo, y me supo a ajo, por lo repetitivo. Me dije a mí misma: "Podrías abandonar de una vez ese personaje de grano en el culo que a veces no te permite ver que lo que dices se sale de tono". Pero le entendí, porque eso nos puede pasar a cualquiera, y no es fácil ser un tipo tan inteligente como lo es él, y con tanto carisma y capacidad de embelesar a la cámara. Seguí siéndole fiel, pues, necesitada como estaba de un nuevo prócer, esta vez con coleta y pinta de tío guay. Y feminista, aunque, por mucho que sigo intentándolo, no logro calzarme tampoco con este zapato.
No estaría diciendo nada de esto si no fuera por lo que pasó antes de las elecciones a las Europeas. Porque ahí Pablo me puso los cuernos, y públicamente. Colgó un vídeo titulado Ratonlandia. En él, Pablo, muy suelto y a sus anchas, casi como de estar por casa, nos contaba un cuento. Así, espontáneamente, como es él. Nada preparado.Un cuento sobre unos lindos ratoncitos, muy buenos e inocentes todos, muy tiernos y entrañables. Los ratoncitos, no obstante, eran tontos, porque llevaban toda la vida votando a gatos, que, todo el mundo sabe, y suponemos que los ratones más que nadie, se alimentan, entre otras cosas, de roedores frescos a los que se deleitan en dar caza. Me sentí un poco imbécil como destinataria de la fábula, casi como si Pablo se creyera que soy lerda. La inocencia y la estupidez quedaban amalgamadas de una forma incierta en la sucesión de los fotogramas, casi como asociándolas, y eso, eso me cabreó bastante. Empezó a disgustarme el vídeo, y no lograba entender el porqué. Los dibujos animados no ayudaban precisamente a combatir mi sentimiento de infantilización creciente. Y eso que me gustan. Me debatía entre la fidelidad a Pablo y a lo que supuestamente decía representar, y el hecho deprimente de que me contara un bobalicón cuento donde sugería que yo era, poco menos, un ser humano de inteligencia equiparable a la de un cándido roedor urbano. Instintivamente, me preparé para lo peor. Mi intuición me avisaba de algo, algo desagradable y mezquino, pero aún así continué mirando el vídeo. Y, entonces, lo vi. Minuto tres, entre el segundo seis y siete. Lo vi.
Y así se consumó la traición. Pablo, el diferente, el portavoz de los oprimidos, había usado la subliminalidad. Ese recurso tan propio de los que no manipulan a las masas. Ese recurso tan considerado hacia la inteligencia ajena. Por si acaso no me había tragado el cuento hasta el final, ahí estaba el fotograma de Pablo insertado rápidamente justo cuando el líder de los ratones se subía a un montículo como el cabeza indiscutible del populacho ratonil. Mi amor se rompió en pedazos.
Le pedí explicaciones, y no fui la única. Tal vez se trataba de un error. Nunca contestó. Aunque siga vendiendo la idea de la circularidad y del, ahora sí puedo darle la razón a sus críticos, del más cutre y burdo de los populismos. Has insultado mi inteligencia, Pablo, o lo has intentado. Ya no te creo. Que luego hayas colgado vídeos donde defiendes el uso de las armas entre la población, me ha decidido a arrojarte al cubo de reciclaje de forma definitiva.
Pero lo peor de todo no es eso. Lo peor de todo es que ninguno de sus adoradores roedores ha querido verlo ni hablar de ello. Ninguno ha querido pararse a pensar quién es este tipo que dice unas cosas y actúa de otras. El fin nunca ha justificado los medios. Y eso, en teoría, lo decía él mismo. En teoría.
Que te aproveche el absurdo empacho de gloria política, Pablo. No digas nada sobre esta cutrez, ni ninguno de los que, en el fondo, debéis ser meras réplicas de un advenedizo. Si, estoy despechada, y con razón. ¿O tal ves sólo jugáis al circo de las vanidades? Me has demostrado, Pablo, que es lo que quieres en realidad. Aunque los lindos ratoncitos a los que dices defender te merezcan tan baja consideración como para ponerles unos dibujitos y encasquetarles, en su confiada inocencia, un fotograma tuyo para dejar bien claro que no confías en ellos, porque son tontos. Porque tienen que votarte, aunque sea de esta forma tan ridícula y barriobajera. ¿Tan poco real eres que necesitas recurrir a estos trucos de la propaganda y la manipulación entre aquellos a quienes dices representar? Para mí, nada nuevo supones. Porque esto es más viejo que Matusalén. Y no funciona. Y no lo quiero. Y no te quiero, Pablo, no, no te quiero.
Firmado: la flautista de Hamelin
sábado, 30 de agosto de 2014
Religiones y maltratos, o cómo administrar la mala conciencia ajena que se volvió propia
Hace ya bastante tiempo, a un grupito de próceres descerebrados se les ocurrió una estratagema de control de la población a la que llamaron "la voluntad de Dios". Se ve que decir directamente que el abuso les salía de la santa huevera no resultaba tan efectivo. Así que, aprovechando el nivel de ignorancia y, sobre todo, de vulnerabilidad del ser humano, en un acto de deshonra imperdonable, decidieron forjar su imperio psicópata con la espada del miedo en una mano, y la amenaza de muerte en la otra.
Para ello, hubieron de ponerle voz a su mala baba y a su incapacidad de empatía, así como a su ausencia total de ganas de asumir responsabilidades, e inventaron, o cuando menos nos hablaron, de un ser invisible, para empezar. La cosa ya no pintó bien desde el principio, dado que si te las tienes que haber con alguien que no puedes ni siquiera ver, como primera premisa, ni mucho menos oír, por no hablar de tocar u oler, que es como nos guiamos por la vida y como se manifiesta nuestra inteligencia, ya me dirás tú en qué puede llegar a convertirse la existencia si se deja en manos de ese "Gran Hombre Invisible". Porque es un hombre, y eso sí que lo dejaron claro desde el principio. Ya se les tendría que haber visto el plumero en ese mismo momento, pues basaron los principios de la vida en una irracionalidad contradicente de la propia vida supuestamente creada. O sea, que siendo que la vida humana tiene hombre y mujer, y que existe por eso mismo, resultaba que su creador era sólo hombre. Esta estupidez obvia donde las haya, que alguien trataría de refutar, supongo, quedó zanjada con una frase igual de invitadora a la propia degradación de la inteligencia humana: "Sus designios son inexcrutables y obra en misteriosas maneras". Que es lo mismo que decir: "No se te ocurra pensar por ti mismo ni cuestionar la estulticia, y asume que no puedes entender quién eres ni lo que te rodea". El hecho de que te amenazaran con matarte, o a tus hijos, no creo que ayudara mucho a proseguir con el debate, me imagino. Si ser un criminal y un abusador es obrar misteriosamente, aquí el único misterio que queda por resolver es cómo nos seguimos tragando argumentos como éste, tan despectivos de todo lo que es digno y hermoso sobre la faz de la Tierra. Que nos pusieran como ejemplo de piedad el que Isaac estuviera dispuesto a matar a su propio hijo, es poco más que invitarnos a ser unos homicidas, y encima, premiarnos por ello. Aquí sí que torcimos el rumbo, y ahí, pues, es por donde debemos empezar a repararlo. Pues el que pide algo como eso, directa o indirectamente, es un criminal, y debería ser demandado en juicio, y, si se demuestra en él su insania mental, ser encerrado en una institución psiquiátrica. Lo cual es lógico y tiene sentido común, como no lo tiene tolerar a estos individuos, y mucho menos, darles capacidad de decisión sobre nosotros y nuestros hijos.
Como obviamente las bases de la religión eran ya un descalabro, nos vimos obligados a la locura, a la esquizofrenia. Empezamos a dirigir nuestros deseos (esos tan condenados y de los que jamás escaparemos, dado que forman parte de la vida), a una voluta de humo, a un fantasma, a una pared vacía, a un cielo donde lo único que había era estrellas parpadeantes y mudas. Delegamos el propio poder de crear y de gozar la vida en una mentira, en una irracionalidad que, a fuerza de amenaza y de estupro, no tuvimos otro remedio que fomentar.O eso creímos entonces.Y así, nos fuimos convirtiendo en locos a fuerza de escuchar a otros locos. Prueba de ello es que, varios miles de años después, ninguno niño humano que nace lleva incorporada la idea de Dios ni la necesita, y no queda más remedio que ir introduciéndosela en pequeñas dosis, más o menos violentas, para ir acostumbrándole a ser un esclavo sin voz ni voto, que es lo que la religión siempre ha perseguido. Es decir, que hay un grupo de malvados sin escrúpulos que fingen una pantomima vacía de contenido, de cuerpo y de sentido, tras la cual se enmascaran para cometer sus pillajes a diario.Consiguiendo con ello que, en vez de dirigirnos directamente contra ellos, que tienen cara y cuerpo y nombre, nos volvamos hacia la soledad del confesionario o de la iglesia vacía para paliar nuestro dolor de saber que somos impotentes, rodeados de imágenes muertas que simbolizan nuestra propia crucifixión como seres dignos. Y ellos, tan contentos. Pues toda la acumulación de falsedad y de atentados contra el ser humano que llevan a sus espaldas, nos la administran racionadamente sobre los hombros cada día mediante un mecanismo de reparto de deuda criminal denominado "culpa y pecado". Cuando ya no podemos más, descargamos nuestro dolor y rabia acumulados en el vecino o la novia, o en un grupo de gente a quien no conocemos pero que odiamos, porque necesitamos dirigir nuestro odio hacia algo con cuerpo, que es lo natural e inteligente, pero como Dios es invisible, y tras su traje de Superhéroe están camuflados sus secuaces, con nuestra connivencia robótica que hace como que no los ve, pues los teme como costumbre secular, no queda más remedio que cargarse al que en principio iba a ser compañero de planeta y potencial amigo o, al menos, uno más de la familia humana. Eso, o deprimirse, suicidarse o enfermarse. Según la violencia la saquemos más hacia fuera o hacia dentro. Ellos se ponen más contentos aún si cabe con esta desviación de nuestra ira (que encima condenan, claro), y nos organizarán una guerra, una cruzada, una pandemia o un megapartido de fútbol, o incluso una corrida de toros, para que vomitemos la mierda acumulada contra nosotros mismos. Y así, nosotros, sin comerlo ni beberlo, sin haber hecho nada para merecerlo, más que tratar de llevar una vida lo más bonita posible, hemos de sufrir las consecuencias de sus crímenes económicos, humanos y mentales, aguantando cada día sus locuras, como quien tiene un familiar psicópata en la familia, que dice ser Dios, y a todos amarga y fastidia, mientras el resto le sigue la corriente, en vez de encerrarlo en un manicomio, que es donde debería de estar.
Pronto aprendimos este mecanismo de la patata caliente, es decir, de pasarle el muerto de nuestras propias barbaries a quien tengamos más a mano, y si son mujeres y niños, que son los más vulnerables en la mayoría de las casos, pues mejor, antes nos libraremos de ese peso en la conciencia y ejerceremos nuestro sadismo contra aquellos a los que decimos amar y respetar.
Por supuesto, la esquizofrenia venía ya con marca registrada. Pues Dios y el Diablo son el mismo tipo con dos disfraces aparentemente antagónicos, que se viste según le convenga más el uno o el otro para conseguir sus propósitos. Si no te convenzo con mis pobres argumentos de sujeto dominante y déspota donde los haya, y no estás dispuesto a creer en razones invisibles que no se sostienen ni resisten el más mínimo análisis lógico, no te preocupes, que me vas a ver la cara de verdad, y te voy a amenazar con la tortura y la muerte, eterna, además. Qué tipo tan agradable, tú. En los manuales les llaman borderlines o algo así.
Este pobre mecanismo de encubrimiento de la maldad más elemental y de la hipocresía, en que unos muchos soportan las consecuencias de otros pocos, pero muy locos, tiene necesariamente que incardinarse sobre la asunción de alguna clase de microchip mental o programación traumática, que es la única manera en que nos pueden hacer aceptar esta basura. Porque su único mérito, si es que se le puede llamar tal, es habernos amenazado con la pérdida de la vida con el fin de que nos hagamos los imbéciles y asumamos una responsabilidad que sólo les corresponde a ellos, que son los que realizan los actos contra la humanidad. Este mecanismo, a base de implantarse en el tiempo y en las personas, se ha propagado como un virus letal. Y muchas veces, debido a la inercia de su práctica, acabamos inconscientemente ejecutándolo, dado que a veces no parece que vayamos a poder encajar en la sociedad de otra manera. Y dado que somos gregarios, haremos cualquier cosa por ser comunidad, aunque sea ésta de tarados.
La religión y su mecanismo de impunidad ilegítima, está herida de muerte. Ya era hora. No asumamos sus errores, no les sigamos más el juego. Seamos hombres y mujeres verdaderos. Usemos la inteligencia, la integridad, recuperémosla del lodo de los tiempos y traigamos de vuelta la memoria de quienes somos. Pues somos responsables de nuestras vidas, y somos los artífices de la misma. Podemos pedir responsabilidades a quien se equivoca, y sólo entonces podremos hacer aquello que nos apasiona y nace de nuestra voluntad e inteligencia, que son los rasgos que nos hacen ser lo que somos. No permitamos más que nos roben la vida, la realidad, que nos instalen huecos fantasmagóricos en nuestras casas, que nos pongan muros invisibles, que nos esclavicen, en definitiva. Pues no hay ningún Dios con futuras e inciertas recompensas (que nunca llegan por eso mismo, porque son caprichosas y arbitrarias, amén de inexistentes), ni que vaya a ser capaz de nada, y mucho menos de decidir sobre nuestra vida y, lo más humillante de todo, hasta de nuestra muerte.
Yo creo que este déspota interior proyectado en esta especie de Doctor Jekill y Mister Hide que el constructo falaz de lo metafísico es, más que un Dios de la Vida, es el Dios de la Muerte, y, además de la peor de ellas: la Muerte en Vida.
Y si alguien tiene aún dudas de hasta qué punto toda la religión no es más que un cruento plan de dominio, que trate de observar las "casuales" coincidencias que hay entre ese Dios Todopoderoso que todo lo ve, que sabe todo lo que haces y a todas horas, que te vigila y juzga constantemente, y este sistema brutal que trata de vigilarnos con cámaras todo el tiempo, fiscaliza todos nuestros movimientos bancarios y contables, y nos crea un terror continuado con crisis económicas planificadas y amenazas de guerras constantes, o de robos, o de violaciones. Se parecen demasiado. Tras la falacia de lo intangible, se perpetran cada día los actos más canallescos y contrarios a la vida humana, que pagamos y asumimos en silencio mientras se ríen de cómo les suplicamos a las inertes paredes de casa, una casa que probablemente, además, esté por ellos hipotecada. Mientrastanto, un niño muere de hambre o es violado tras los "píos" muros de un convento. Y encima tienen la desfachatez de decirnos que Jesús amaba los niños. Qué mentes tan retorcidas las que así entienden el amor.
¿ A qué esperamos para acabar con ellos? ¿A qué esperamos para darnos cuenta de que son éstos nuestros enemigos verdaderos y no otros? ¿A cuántos más de nosotros habrán de violar y torturar mientras revientan sus carnales estómagos de vino caro y de arcas repletas de oro? ¿Cuándo dejaremos de lado la mentira que nos han implantado y que es la única que les permite abusar de nosotros? En tus manos está, y no en las de nadie más. Créeme: no está en sus manos, pues Dios no es más que ellos mismos impostando los principios verdaderos de la vida que nos corresponde por derecho propio. Y encima son unos megalómanos, pues se creen tocados por una gracia especial, un toque "divino", como todos los locos siempre se lo han creído para perpetrar las acciones más vergonzosas contra sus supuestos congéneres e iguales. Ellos no creen en la igualdad, de ahí que pusieran su propia soberbia allá arriba en los cielos, muy por encima de todos nosotros, a los que en el fondo desprecian profundamente.
Los nuevos remixes espirituales de hoy se llaman "Nueva Era", pero no deja de ser el mismo mecanismo de fondo, el mismo. Como la supuesta "ley del Espejo", esa que ahora todo neófito se tiene que saber como el padrenuestro, y que no es más que un ignorante retorcimiento de la función de las células espejo de nuestro cuerpo, y con los mismos fines: justificar al jilipoyas de turno que te dice que, si te maltrata, es porque te está reflejando tu propia oscuridad. Sólo por poner un ejemplo.
Y no caigamos en la dicotomía ateo-creyente, por favor. No empecemos ahora a pelearnos por eso, pues en su base está la misma bazofia que tratamos de justificar. Hemos de estar por encima de esas proclamas que han pretendido escindirnos en base a quienes se creen el cuento, y los que no. Miremos más allá de la etiquetas, y veamos si frente a nosotros hay un auténtico ser humano que razona, respeta y se hace responsable y coherente, se autodenomine a sí mismo ateo o panteísta o creyente. Arranquemos esta raíz podrida, y empecemos por el principio.
En serio, somos demasiado preciosos e increíbles como para tolerar esto ni un segundo más. No dejemos que estas locuras y sus asesinos de cuello blanco dirijan más nuestras vidas. Seamos inteligentes, y vivamos bien, como somos de verdad y sabemos. Recuperemos el paraíso, éste que cada día pisamos con nuestros pies, y que, a fuerza de traumas, vemos sin mirar y soñamos sin vivir. Rompamos esta estúpida burbuja de mentiras que nos impide sentir la diaria fragancia y belleza de la vida, una vida que es nuestra, y de nadie más, por derecho evolutivo, por imperativo radical. Y sin impostores insoportables de por medio. Sin ladrones. Sin espías. Sin locos asesinos. Sólo nosotros, y la vida. Como siempre ha sido, fue, y será.
Para ello, hubieron de ponerle voz a su mala baba y a su incapacidad de empatía, así como a su ausencia total de ganas de asumir responsabilidades, e inventaron, o cuando menos nos hablaron, de un ser invisible, para empezar. La cosa ya no pintó bien desde el principio, dado que si te las tienes que haber con alguien que no puedes ni siquiera ver, como primera premisa, ni mucho menos oír, por no hablar de tocar u oler, que es como nos guiamos por la vida y como se manifiesta nuestra inteligencia, ya me dirás tú en qué puede llegar a convertirse la existencia si se deja en manos de ese "Gran Hombre Invisible". Porque es un hombre, y eso sí que lo dejaron claro desde el principio. Ya se les tendría que haber visto el plumero en ese mismo momento, pues basaron los principios de la vida en una irracionalidad contradicente de la propia vida supuestamente creada. O sea, que siendo que la vida humana tiene hombre y mujer, y que existe por eso mismo, resultaba que su creador era sólo hombre. Esta estupidez obvia donde las haya, que alguien trataría de refutar, supongo, quedó zanjada con una frase igual de invitadora a la propia degradación de la inteligencia humana: "Sus designios son inexcrutables y obra en misteriosas maneras". Que es lo mismo que decir: "No se te ocurra pensar por ti mismo ni cuestionar la estulticia, y asume que no puedes entender quién eres ni lo que te rodea". El hecho de que te amenazaran con matarte, o a tus hijos, no creo que ayudara mucho a proseguir con el debate, me imagino. Si ser un criminal y un abusador es obrar misteriosamente, aquí el único misterio que queda por resolver es cómo nos seguimos tragando argumentos como éste, tan despectivos de todo lo que es digno y hermoso sobre la faz de la Tierra. Que nos pusieran como ejemplo de piedad el que Isaac estuviera dispuesto a matar a su propio hijo, es poco más que invitarnos a ser unos homicidas, y encima, premiarnos por ello. Aquí sí que torcimos el rumbo, y ahí, pues, es por donde debemos empezar a repararlo. Pues el que pide algo como eso, directa o indirectamente, es un criminal, y debería ser demandado en juicio, y, si se demuestra en él su insania mental, ser encerrado en una institución psiquiátrica. Lo cual es lógico y tiene sentido común, como no lo tiene tolerar a estos individuos, y mucho menos, darles capacidad de decisión sobre nosotros y nuestros hijos.
Como obviamente las bases de la religión eran ya un descalabro, nos vimos obligados a la locura, a la esquizofrenia. Empezamos a dirigir nuestros deseos (esos tan condenados y de los que jamás escaparemos, dado que forman parte de la vida), a una voluta de humo, a un fantasma, a una pared vacía, a un cielo donde lo único que había era estrellas parpadeantes y mudas. Delegamos el propio poder de crear y de gozar la vida en una mentira, en una irracionalidad que, a fuerza de amenaza y de estupro, no tuvimos otro remedio que fomentar.O eso creímos entonces.Y así, nos fuimos convirtiendo en locos a fuerza de escuchar a otros locos. Prueba de ello es que, varios miles de años después, ninguno niño humano que nace lleva incorporada la idea de Dios ni la necesita, y no queda más remedio que ir introduciéndosela en pequeñas dosis, más o menos violentas, para ir acostumbrándole a ser un esclavo sin voz ni voto, que es lo que la religión siempre ha perseguido. Es decir, que hay un grupo de malvados sin escrúpulos que fingen una pantomima vacía de contenido, de cuerpo y de sentido, tras la cual se enmascaran para cometer sus pillajes a diario.Consiguiendo con ello que, en vez de dirigirnos directamente contra ellos, que tienen cara y cuerpo y nombre, nos volvamos hacia la soledad del confesionario o de la iglesia vacía para paliar nuestro dolor de saber que somos impotentes, rodeados de imágenes muertas que simbolizan nuestra propia crucifixión como seres dignos. Y ellos, tan contentos. Pues toda la acumulación de falsedad y de atentados contra el ser humano que llevan a sus espaldas, nos la administran racionadamente sobre los hombros cada día mediante un mecanismo de reparto de deuda criminal denominado "culpa y pecado". Cuando ya no podemos más, descargamos nuestro dolor y rabia acumulados en el vecino o la novia, o en un grupo de gente a quien no conocemos pero que odiamos, porque necesitamos dirigir nuestro odio hacia algo con cuerpo, que es lo natural e inteligente, pero como Dios es invisible, y tras su traje de Superhéroe están camuflados sus secuaces, con nuestra connivencia robótica que hace como que no los ve, pues los teme como costumbre secular, no queda más remedio que cargarse al que en principio iba a ser compañero de planeta y potencial amigo o, al menos, uno más de la familia humana. Eso, o deprimirse, suicidarse o enfermarse. Según la violencia la saquemos más hacia fuera o hacia dentro. Ellos se ponen más contentos aún si cabe con esta desviación de nuestra ira (que encima condenan, claro), y nos organizarán una guerra, una cruzada, una pandemia o un megapartido de fútbol, o incluso una corrida de toros, para que vomitemos la mierda acumulada contra nosotros mismos. Y así, nosotros, sin comerlo ni beberlo, sin haber hecho nada para merecerlo, más que tratar de llevar una vida lo más bonita posible, hemos de sufrir las consecuencias de sus crímenes económicos, humanos y mentales, aguantando cada día sus locuras, como quien tiene un familiar psicópata en la familia, que dice ser Dios, y a todos amarga y fastidia, mientras el resto le sigue la corriente, en vez de encerrarlo en un manicomio, que es donde debería de estar.
Pronto aprendimos este mecanismo de la patata caliente, es decir, de pasarle el muerto de nuestras propias barbaries a quien tengamos más a mano, y si son mujeres y niños, que son los más vulnerables en la mayoría de las casos, pues mejor, antes nos libraremos de ese peso en la conciencia y ejerceremos nuestro sadismo contra aquellos a los que decimos amar y respetar.
Por supuesto, la esquizofrenia venía ya con marca registrada. Pues Dios y el Diablo son el mismo tipo con dos disfraces aparentemente antagónicos, que se viste según le convenga más el uno o el otro para conseguir sus propósitos. Si no te convenzo con mis pobres argumentos de sujeto dominante y déspota donde los haya, y no estás dispuesto a creer en razones invisibles que no se sostienen ni resisten el más mínimo análisis lógico, no te preocupes, que me vas a ver la cara de verdad, y te voy a amenazar con la tortura y la muerte, eterna, además. Qué tipo tan agradable, tú. En los manuales les llaman borderlines o algo así.
Este pobre mecanismo de encubrimiento de la maldad más elemental y de la hipocresía, en que unos muchos soportan las consecuencias de otros pocos, pero muy locos, tiene necesariamente que incardinarse sobre la asunción de alguna clase de microchip mental o programación traumática, que es la única manera en que nos pueden hacer aceptar esta basura. Porque su único mérito, si es que se le puede llamar tal, es habernos amenazado con la pérdida de la vida con el fin de que nos hagamos los imbéciles y asumamos una responsabilidad que sólo les corresponde a ellos, que son los que realizan los actos contra la humanidad. Este mecanismo, a base de implantarse en el tiempo y en las personas, se ha propagado como un virus letal. Y muchas veces, debido a la inercia de su práctica, acabamos inconscientemente ejecutándolo, dado que a veces no parece que vayamos a poder encajar en la sociedad de otra manera. Y dado que somos gregarios, haremos cualquier cosa por ser comunidad, aunque sea ésta de tarados.
La religión y su mecanismo de impunidad ilegítima, está herida de muerte. Ya era hora. No asumamos sus errores, no les sigamos más el juego. Seamos hombres y mujeres verdaderos. Usemos la inteligencia, la integridad, recuperémosla del lodo de los tiempos y traigamos de vuelta la memoria de quienes somos. Pues somos responsables de nuestras vidas, y somos los artífices de la misma. Podemos pedir responsabilidades a quien se equivoca, y sólo entonces podremos hacer aquello que nos apasiona y nace de nuestra voluntad e inteligencia, que son los rasgos que nos hacen ser lo que somos. No permitamos más que nos roben la vida, la realidad, que nos instalen huecos fantasmagóricos en nuestras casas, que nos pongan muros invisibles, que nos esclavicen, en definitiva. Pues no hay ningún Dios con futuras e inciertas recompensas (que nunca llegan por eso mismo, porque son caprichosas y arbitrarias, amén de inexistentes), ni que vaya a ser capaz de nada, y mucho menos de decidir sobre nuestra vida y, lo más humillante de todo, hasta de nuestra muerte.
Yo creo que este déspota interior proyectado en esta especie de Doctor Jekill y Mister Hide que el constructo falaz de lo metafísico es, más que un Dios de la Vida, es el Dios de la Muerte, y, además de la peor de ellas: la Muerte en Vida.
Y si alguien tiene aún dudas de hasta qué punto toda la religión no es más que un cruento plan de dominio, que trate de observar las "casuales" coincidencias que hay entre ese Dios Todopoderoso que todo lo ve, que sabe todo lo que haces y a todas horas, que te vigila y juzga constantemente, y este sistema brutal que trata de vigilarnos con cámaras todo el tiempo, fiscaliza todos nuestros movimientos bancarios y contables, y nos crea un terror continuado con crisis económicas planificadas y amenazas de guerras constantes, o de robos, o de violaciones. Se parecen demasiado. Tras la falacia de lo intangible, se perpetran cada día los actos más canallescos y contrarios a la vida humana, que pagamos y asumimos en silencio mientras se ríen de cómo les suplicamos a las inertes paredes de casa, una casa que probablemente, además, esté por ellos hipotecada. Mientrastanto, un niño muere de hambre o es violado tras los "píos" muros de un convento. Y encima tienen la desfachatez de decirnos que Jesús amaba los niños. Qué mentes tan retorcidas las que así entienden el amor.
¿ A qué esperamos para acabar con ellos? ¿A qué esperamos para darnos cuenta de que son éstos nuestros enemigos verdaderos y no otros? ¿A cuántos más de nosotros habrán de violar y torturar mientras revientan sus carnales estómagos de vino caro y de arcas repletas de oro? ¿Cuándo dejaremos de lado la mentira que nos han implantado y que es la única que les permite abusar de nosotros? En tus manos está, y no en las de nadie más. Créeme: no está en sus manos, pues Dios no es más que ellos mismos impostando los principios verdaderos de la vida que nos corresponde por derecho propio. Y encima son unos megalómanos, pues se creen tocados por una gracia especial, un toque "divino", como todos los locos siempre se lo han creído para perpetrar las acciones más vergonzosas contra sus supuestos congéneres e iguales. Ellos no creen en la igualdad, de ahí que pusieran su propia soberbia allá arriba en los cielos, muy por encima de todos nosotros, a los que en el fondo desprecian profundamente.
Los nuevos remixes espirituales de hoy se llaman "Nueva Era", pero no deja de ser el mismo mecanismo de fondo, el mismo. Como la supuesta "ley del Espejo", esa que ahora todo neófito se tiene que saber como el padrenuestro, y que no es más que un ignorante retorcimiento de la función de las células espejo de nuestro cuerpo, y con los mismos fines: justificar al jilipoyas de turno que te dice que, si te maltrata, es porque te está reflejando tu propia oscuridad. Sólo por poner un ejemplo.
Y no caigamos en la dicotomía ateo-creyente, por favor. No empecemos ahora a pelearnos por eso, pues en su base está la misma bazofia que tratamos de justificar. Hemos de estar por encima de esas proclamas que han pretendido escindirnos en base a quienes se creen el cuento, y los que no. Miremos más allá de la etiquetas, y veamos si frente a nosotros hay un auténtico ser humano que razona, respeta y se hace responsable y coherente, se autodenomine a sí mismo ateo o panteísta o creyente. Arranquemos esta raíz podrida, y empecemos por el principio.
En serio, somos demasiado preciosos e increíbles como para tolerar esto ni un segundo más. No dejemos que estas locuras y sus asesinos de cuello blanco dirijan más nuestras vidas. Seamos inteligentes, y vivamos bien, como somos de verdad y sabemos. Recuperemos el paraíso, éste que cada día pisamos con nuestros pies, y que, a fuerza de traumas, vemos sin mirar y soñamos sin vivir. Rompamos esta estúpida burbuja de mentiras que nos impide sentir la diaria fragancia y belleza de la vida, una vida que es nuestra, y de nadie más, por derecho evolutivo, por imperativo radical. Y sin impostores insoportables de por medio. Sin ladrones. Sin espías. Sin locos asesinos. Sólo nosotros, y la vida. Como siempre ha sido, fue, y será.
jueves, 28 de agosto de 2014
Bienvenue, depredador
Esta noche estaba en casa, en mis fiebres y delirios nocturnos. Era noche cerrada de luna nueva, y yo era otra vez un fantasma, vagando en penumbras por escenarios pasados que se hacen presentes, entre volutas blancas de suave selene. Estaba sola, por no alterar el guión. Era ectoplasta solitaria.
Y entonces, ha vuelto a pasar. Lo que me viene pasando de antiguo, y sin previo aviso ni telegrama anunciador. He visto que la puerta de casa se abría lentamente, muy lentamente, y he sabido que era el depredador. He empezado a trazar tácticas de defensa, a gran velocidad, será fulanito, será menganito, será tal, será pascual. Me hallaba paralizada, aterrada, he querido gritar pidiendo auxilio, pero no me salía la voz. Pues cuando él aparece, yo lo pierdo todo, pero lo primero que pierdo es mi voz. La puerta seguía abriéndose impertérrita, a ritmo de cadencia, como un lento vals del horror. La angustia me ha congelado, se ha detenido el corazón.
El depredador tiene llave, tiene llave de mi casa, eso, no lo comprendo yo. Y entonces me he preparado, me he preparado para su depredación.
Y entonces ha sucedido algo nuevo, algo que jamás hubiera previsto. Cuando la puerta se ha abierto del todo, he visto a una mujer muy pequeña, vestida de negro, una mujer morena que parecía ser yo. Venía loca por verme, venía loca de amor. Estaba grillada, definitivamente, pues le cegaba su amor. Me ha mirado y me ha dicho: "Vengo a cuidarte, mujer hermosa donde las haya, vengo a cuidarte y a adorarte, lo quieras tú o no. Soy tu voluntaria esclava, el ángel de la guarda de tu sueño interior".
Yo la he mirado embobada, sin entender su perturbación. Yo estaba serena y muy guapa, yo estaba entendiendo algo, qué sé yo....
"Pero no necesito tu servicio, no al menos así, así no"- le he dicho a esa mujer enana y extraña, esa mujer interior.
Entonces has aparecido tú, lucero mío de mi alma, y te has llevado a este otro yo.
-"Déjala, que así no lo quiere"- y te la has llevado en volandas, a esa pobre entregada y enamorada, que en su servicio se ataranta, y en sus maneras no hay honor.
Y me he vuelto a quedar sola, y he entendido algo, algo de inconmensurable valor. Y he vuelto a sentir mi garganta, y te he cantado, bajo la luna gestante, otra preciosa canción. Se la he cantado a esa montaña, esa montaña que añoro, esa montaña que guarda mi amor. Y he sabido que me quieres, y que también te quiero yo. Y he sabido que entre sus garras, guarda un tesoro mi fiera, mi loca bestia interior. Que se muere por dar servicio, por guardarme, por amarme con fuego y pasión, que es dulce y completamente entregada, que ese demonio sufriente que aguarda eres tú, y soy yo.
Y entonces, ha vuelto a pasar. Lo que me viene pasando de antiguo, y sin previo aviso ni telegrama anunciador. He visto que la puerta de casa se abría lentamente, muy lentamente, y he sabido que era el depredador. He empezado a trazar tácticas de defensa, a gran velocidad, será fulanito, será menganito, será tal, será pascual. Me hallaba paralizada, aterrada, he querido gritar pidiendo auxilio, pero no me salía la voz. Pues cuando él aparece, yo lo pierdo todo, pero lo primero que pierdo es mi voz. La puerta seguía abriéndose impertérrita, a ritmo de cadencia, como un lento vals del horror. La angustia me ha congelado, se ha detenido el corazón.
El depredador tiene llave, tiene llave de mi casa, eso, no lo comprendo yo. Y entonces me he preparado, me he preparado para su depredación.
Y entonces ha sucedido algo nuevo, algo que jamás hubiera previsto. Cuando la puerta se ha abierto del todo, he visto a una mujer muy pequeña, vestida de negro, una mujer morena que parecía ser yo. Venía loca por verme, venía loca de amor. Estaba grillada, definitivamente, pues le cegaba su amor. Me ha mirado y me ha dicho: "Vengo a cuidarte, mujer hermosa donde las haya, vengo a cuidarte y a adorarte, lo quieras tú o no. Soy tu voluntaria esclava, el ángel de la guarda de tu sueño interior".
Yo la he mirado embobada, sin entender su perturbación. Yo estaba serena y muy guapa, yo estaba entendiendo algo, qué sé yo....
"Pero no necesito tu servicio, no al menos así, así no"- le he dicho a esa mujer enana y extraña, esa mujer interior.
Entonces has aparecido tú, lucero mío de mi alma, y te has llevado a este otro yo.
-"Déjala, que así no lo quiere"- y te la has llevado en volandas, a esa pobre entregada y enamorada, que en su servicio se ataranta, y en sus maneras no hay honor.
Y me he vuelto a quedar sola, y he entendido algo, algo de inconmensurable valor. Y he vuelto a sentir mi garganta, y te he cantado, bajo la luna gestante, otra preciosa canción. Se la he cantado a esa montaña, esa montaña que añoro, esa montaña que guarda mi amor. Y he sabido que me quieres, y que también te quiero yo. Y he sabido que entre sus garras, guarda un tesoro mi fiera, mi loca bestia interior. Que se muere por dar servicio, por guardarme, por amarme con fuego y pasión, que es dulce y completamente entregada, que ese demonio sufriente que aguarda eres tú, y soy yo.
domingo, 24 de agosto de 2014
El jeroglífico del tiempo
Si me niegas el presente, te negaré yo todos los tiempos.
Si aniquilas mi presencia, no seré tampoco un resto de ningún pasado.
Si me asesinas como futuro, no esperes encontrarme en nada pretérito, y mucho menos ahora.
Pues yo soy ubicua, y estoy para ti o no estoy.
Yo soy. Siempre.
Me extiendo en los confines de los Orígenes y abarco el Futuro que no se termina nunca.
Yo soy ahora y siempre.
Y si pretendes hacer conmigo una imagen muerta, muerto estarás tú en tu propia memoria.
Pues no paso porque niegues la vida que soy.
Pues no paso porque me troques objeto, aunque sea objeto mental con que divertirte o pasar el tiempo.
Si no existo para ti, no existo.
No existo ahora, ni existí antes, pues antes era yo la misma que ahora. Pretender otra cosa es, de la vida, mofa.
Si pretendes convertirme en un recuerdo muerto, el único cadáver vas a ser tú.
Pues yo estoy viva, y soy la que siempre fui a tu lado.
Sigo teniendo las mismas manos y los mismos sueños, la misma música y los mismos besos.
Si me niegas ahora, es que siempre me negaste en realidad. Y no seré ni fui para ti nada.
Sufrirás un ataque de Alzheimer y nada más que eso. O serás un errante lunático que habla con sus propios espejismos. Que se cree pintor, que se cree músico.
Y tu obstinación en borrarme será tu sentencia de muerte firmada por ti mismo, que no la mía, porque yo sigo viva ahora. Tal vez, al olvidarme tú, te olvides a ti mismo.
Yo en cambio siempre te recordaré como los restos de un naufragio que desapareció de mis costas.
Yo no te olvido, porque vivo.
Porque perder la memoria es como ser un fantasma, ese ectoplasma insoportable, ese zombie de las dimensiones, un niño siempre herido.
Y yo vivo, y estoy radiante, y respiro, y sueño y amo, y brillo.
Me has negado como Pedro negó a su amigo. La diferencia está en que yo no soy Jesucristo. No tengo misiones de redención ni ascenderé a los cielos en el tercer día de ningún año. Pues yo vivo en el cielo y en la tierra: así en el cielo, como en la tierra.
Soy la que siempre fui, la que siempre soy: el ataúd que te empeñas en forjar en esa realidad que no puedes alterar por mucho que te obceques en hacerte el muerto: eres un houdini enloquecido en mis recintos tanatorios, velado por mis flores y mis coronas, el Siemprevivo, el Siempredivo, el más jilipoyas de todos los que hubo jamás. Son mis tablones los que contienen tus huesos adormecidos.
Soy el fuego que te consumirá en la pira funeraria que no consume nada, salvo tus locuras negatorias.
Juega ahora a la demencia senil, no importa. Aquí, en las tierras del Presente, siempre recordaremos tus extrañas paranoias.
No me hallarás en ningún tiempo verbal, pero tampoco terminarás de olvidarme. Te arrastrarás por otra espiral, en tu negación infame. Sin darte cuenta, debido a la anestesia del tiempo, creerás que has olvidado, embebido en tu frenético movimiento. Movimiento que no se mueve, aunque creas que estás viajando a alguna parte. Un hámster, a tu lado, ya lo habría captado.
El más taciturno de los mortales quiere no-ser. Dice que yo no soy ni existo, pero habla de mí en pasado. Aún no conoce los misterios del tiempo.
Hágase pues tu voluntad, y olvida.
Yo, estoy viva. Ahora ya sabes que la muerte, es mentira. La del amor, es mentira.
Sólo muere lo que jamás existió, y yo, mi amor, yo estoy viva.
Pero si insistes en lo contrario, muere pues, mientras te hago el velorio. A nadie engañas más que a ti mismo, haciéndote el paralizado.
Dios Mío, que misterios tienes a veces, tan extraños.....sigue rezando así, y te aplicaré anestesia milenaria. El único dormido serás tú, y porque quieres.
Mientrastanto, seré lo que soy. Muy a tu pesar. Y tú, tú si que estarás en tierra de nadie.....en la tierra de los imposibles, de los amores negados, máxima imposibilidad donde las haya.
Yo, te amo. Aunque sea en tu ausencia de memoria. Aunque sea sin tiempo. Aunque digas que no. Aunque te hagas una lobotomía. Aunque sufras epilepsia. Nada impedirá que yo viva, y yo, yo te amo.
Por eso mismo, estoy viva.
Y siento decirte que contra eso, nada puedes, ni tú, ni yo, ni nadie, ni el tiempo que no pasa, ni el tiempo que se cree que pasa, ni el presente, que no cesa.
Por eso mismo, porque soy el Verbo primero, La que Ama, por eso mismo, estoy aquí siempre.
Yo Soy la que te Ama.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)