Querido Fernando,
Soy Patricia. Ésa con la que has construido una obsesión ciertamente desquiciante, que pretendo deshacer con estas cartas.
Mi querido Fernando, sabes que te quiero bien y aprecio sencillamente, pero no siento que tú y yo estemos destinados a un futuro juntos. Por mucho que lo he intentado, no siento contigo calor de hogar, y no deseo torturarme más por ello ni negarme a entrar en mi casa sólo porque resulta no ser la tuya. Mi querido Fernando....mi querido Fernando.
Empiezo a querer abandonar todas aquellas ideas y constructos de amor de pareja que sólo esclavitud me han traído. Mi amado Fernando, ¿crees que no hubiera querido amamantarte por siempre jamás? ¿Crees que no pienso aún que nadie me hará sentir lo que tú me hiciste sentir? ¿Que no echo de menos tu mirada como a los mismos soles? Mi amado Fernando....
Aquellos hermosos sueños se resisten a morir, y asisto impotente a un largo proceso de duelo donde sé que he de aceptar que los hilos se enredan y nos asfixian, y que necesito creer en la bondad de la vida, o pereceré de pena. Querido Fernando, ¿crees que aún no se revuelven en mi vientre posibles criaturas que tú y yo hubiéramos gestado? Si supieras cuánto lloro, Fernando queridísimo....tan tiernamente que me ahogo.
No es cuestión de amor, querido mío. Amor hay a raudales. Veneración también. Encanto, necesidad vital de ti incluso. Pero, ¿qué le vamos a hacer si en realidad no nos acabamos de gustar? Me dueles, Fernando, me dueles demasiado.
A veces pienso en qué hubiera pasado si te hubieras derramado sobre mí, si me hubieras finalmente ungido, si hubiera bebido de tu cáliz, si me hubieras hecho el amor en la más desnuda vulnerabilidad. Si te hubiera visto llorar sobre mí. Tal vez entonces todo habría terminado realmente, y aún estoy dispuesta a ello si es por el bien de ambos.
Mi querido Fernando, haré lo que sea por ti. Que es por mi también. Mi querido pequeñito, no tengas miedo y atrevámonos a averiguar si realmente quedó alguna piedra por remover, y removámosla juntos, que para mal no será, te lo aseguro. Hemos llegado a un punto en que realmente ya no hay nada que perder, y todo que ganar. La decepción, esta vez, no nos matará, te lo garantizo.
Querido amigo mío, te tiendo la mano para que camines por ti mismo. Amor mío, yo te quiero. Amor mío, yo te amo. Te amo como sea que tenga que amarte, pero si recuerdo has de ser, sé un dulce y alegre recuerdo....mi querido hermano, que fuiste mi Dios un día, no te deseo ya más en un pedestal inalcanzable e inerte, no seas estatua, ¡vive!
Vive en mí y vive en ti, vive, cariño, vive....mi amor, estás vivo. Yo me rindo a tu forma de existencia, pero vive, te lo ruego. Vive como tú sabes, vive cómo realmente eres, más precioso que todos los soles juntos, tan hermoso que me nace la avaricia de poseerte, aún a sabiendas de que es en vano. Tan bonito eres que no quiero que ames a otra, así de tonto es mi pensamiento a veces, cuando que ni yo misma creo que pueda tenerte como se tienen los amantes eternos. Cuando que yo misma a otras tierras me evado y con otros coqueteo, y te olvido incluso a ratos, y en otros brazos me veo.
Querido Fernando, estoy dispuesta a intentarlo, a liberarnos. Como una plácida amiga, como un tierno y antiguo amor de verano. La vida sigue y tú no estás ya. No quiero sentirme culpable por haberme dado en cuerpo y alma y habernos estrellado. ¿Qué culpa tenemos por haberlo intentado? Ninguna, cariño mío, ninguna....tienes derecho a ser feliz con otra, tengo derecho a ser feliz con otro. Tenemos derecho a hacerlo sin necesidad de torturarnos, de negarnos, de retorcernos en mil y una formas que nunca perviven y siempre acaban en tremendos dolores agonizando.
Me cuesta horrores, Fernando, pero quiero dar el salto. Agárrame de la mano, Fernando, agárrame fuerte de la mano, como dos niños que se lanzan al mar a nadar, o por un precipio a volar, o que se desposan para siempre en un inexistente altar. No hay buen destino nuevo sin una adecuada despedida. Yo te quiero despedir bien, mi querido amado Fernando. Y en ello ando, mientras me despido de todas mis historias del pasado, donde ya casi tampoco estás, Fernando....
¿Y qué le vamos a hacer, si así manda el guión? Ya casi nada quiero ya, Fernando. Apenas nada ya. La nada asusta, asusta mucho. Pero ya te has convertido en un extraño. Duele, pero eres ya para mí un extraño. El extraño que siempre fuiste, ése que venía de algún mundo desconocido y salvaje, hermoso y electrizante, profundo y de hechizante bellleza, pero que no es mi mundo, Fernando, no es mi mundo. Porque traté de hincar mis bastiones y apuntalar mis cimientos, y tus tierras me regurgitaron y expulsaron cada vez que lo hice. ¿Qué se puede hacer, Fernando? Si tus tierras y las mías pertenecen a demarcaciones distintas. ¿Puedo o quiero yo acaso vulnerar las leyes universales de la territorialidad? No, Fernando, no quiero. No quiero violar tierras, no sirve de nada, no se puede, además.
Con todo cariño,
Patricia
Toma estas palabras como lo que son: nubes efímeras, formas variantes que se complacen en sí mismas, sin otra intención que la de jugar y pasar de largo, sin peso.Si quieres disfrutar de palabras que son nubes, yo las comparto aquí por el mero placer de compartir.
viernes, 8 de agosto de 2014
Cincuenta sombras y más....
Ya lo sabía, que amarte sería
transitar tu infierno
ser de mil y una formas torturada,
con los látigos de cuero
con las abrasivas lanzas
con la indiferencia
con el martillo
con la brutal maza
con la daga envenenada de la traición
con la soga al cuello
con la afilada hoja de la guillotina
con la pólvora en el vientre
con la desgarradora mina de mil puntas
con la explosión arrasadora y atomizada.
Desde antiguo has jugado
a los juegos de la muerte
de la muerte sin dulzura
de la ignominia demente.
Ahora me has reducido a una masa de carne asquerosa
que hasta ésa te complace
al verla reducida a la podredumbre
y saberte creador homicida
y obtener tu poder de mi muerte.
Eres amante de lo mórbido
de lo sórdido y maquiavélico
amigo de asesinos enfermos
amante de vampiras indecentes.
Soy esclava también
de tu gusto por la mentira
de tus complots putrefactos
soy una triste figurante
de tus sueños de muerte.
Haré lo que me pidas
pues de otra manera no puede ser
y si de mi sangre quieres nutrirte
otra cosa no he de poder hacer.
Ahora sabes que sobre mí tienes poder.
Porque estamos unidos por un hilo que no se quiebra
ni se quebrará jamás
del que tiras como un animal loco
que me arrastra a penurias sin fin
donde sólo me cabe aguantar y sufrir
porque algo no comprende
que lo que a ti te haces me lo haces a mí
y que has decidido tomar el mando
desde la opresión y la dictadura
donde el destino será el descalabro,
la guerra, los escombros,
la triste basura.
Piensa en todos nuestras dulces criaturas,
no creas que es sólo una,
que a ti sólo pertenece en tu locura,
son muchas y sufren y lloran
y reclaman tu progenitura
padre loco donde los haya
desdeñoso de su propia hechura
creador de clasismos contra sí mismo
atrapado en el incesto
de la especialidad inexistente
que sólo pobreza genera
pues si mendiga me tornas
mendigaré entonces despreciada
mientras tú juegas al señorito
que nada tiene en realidad
salvo un fatal espejismo.
Son todas tus sombras las que transito,
todas tus sombras, querido mío,
todas tus más profundas sombras
todas tus sombras, asesino mío.
Y ahora llegamos a la más espesa,
la más profunda, la más aviesa....
reconóceme por fin
pues ya no te queda otra.
Tal y como te prometí
te sigo amando inmensamente
nada de lo que me hagas cambiará nunca
el amor profundo que mi corazón siente.
Nada, querido mío, nada.
Nada podrá cambiarlo, ni siquiera el abandono y la muerte.
Nada.
¿Te atreves ahora a comprobar si este amor es posible?
¿Te atreves o no, sabiendo que no podrás evitar enfrentarte a él
hagas lo que hagas
digas lo que digas
sufras lo que sufras
goces lo que goces
con miles o con ninguna
con otra que no soy yo
y que en realidad ni siquiera importa?
Pues hasta la otra por mí pasa
y no llegará jamás a tu puerta
si no me enfrentas primero
con un acto de amor sincero.
Mi amor, yo te libero.
transitar tu infierno
ser de mil y una formas torturada,
con los látigos de cuero
con las abrasivas lanzas
con la indiferencia
con el martillo
con la brutal maza
con la daga envenenada de la traición
con la soga al cuello
con la afilada hoja de la guillotina
con la pólvora en el vientre
con la desgarradora mina de mil puntas
con la explosión arrasadora y atomizada.
Desde antiguo has jugado
a los juegos de la muerte
de la muerte sin dulzura
de la ignominia demente.
Ahora me has reducido a una masa de carne asquerosa
que hasta ésa te complace
al verla reducida a la podredumbre
y saberte creador homicida
y obtener tu poder de mi muerte.
Eres amante de lo mórbido
de lo sórdido y maquiavélico
amigo de asesinos enfermos
amante de vampiras indecentes.
Soy esclava también
de tu gusto por la mentira
de tus complots putrefactos
soy una triste figurante
de tus sueños de muerte.
Haré lo que me pidas
pues de otra manera no puede ser
y si de mi sangre quieres nutrirte
otra cosa no he de poder hacer.
Ahora sabes que sobre mí tienes poder.
Porque estamos unidos por un hilo que no se quiebra
ni se quebrará jamás
del que tiras como un animal loco
que me arrastra a penurias sin fin
donde sólo me cabe aguantar y sufrir
porque algo no comprende
que lo que a ti te haces me lo haces a mí
y que has decidido tomar el mando
desde la opresión y la dictadura
donde el destino será el descalabro,
la guerra, los escombros,
la triste basura.
Piensa en todos nuestras dulces criaturas,
no creas que es sólo una,
que a ti sólo pertenece en tu locura,
son muchas y sufren y lloran
y reclaman tu progenitura
padre loco donde los haya
desdeñoso de su propia hechura
creador de clasismos contra sí mismo
atrapado en el incesto
de la especialidad inexistente
que sólo pobreza genera
pues si mendiga me tornas
mendigaré entonces despreciada
mientras tú juegas al señorito
que nada tiene en realidad
salvo un fatal espejismo.
Son todas tus sombras las que transito,
todas tus sombras, querido mío,
todas tus más profundas sombras
todas tus sombras, asesino mío.
Y ahora llegamos a la más espesa,
la más profunda, la más aviesa....
reconóceme por fin
pues ya no te queda otra.
Tal y como te prometí
te sigo amando inmensamente
nada de lo que me hagas cambiará nunca
el amor profundo que mi corazón siente.
Nada, querido mío, nada.
Nada podrá cambiarlo, ni siquiera el abandono y la muerte.
Nada.
¿Te atreves ahora a comprobar si este amor es posible?
¿Te atreves o no, sabiendo que no podrás evitar enfrentarte a él
hagas lo que hagas
digas lo que digas
sufras lo que sufras
goces lo que goces
con miles o con ninguna
con otra que no soy yo
y que en realidad ni siquiera importa?
Pues hasta la otra por mí pasa
y no llegará jamás a tu puerta
si no me enfrentas primero
con un acto de amor sincero.
Mi amor, yo te libero.
Sangre fría
Has querido una efigie de hielo,
has creado una imagen helada,
has detenido el pulso de la vida en mí,
ahora tienes una gélida y bonita estatua.
No era esto lo que soñaba
cuando me entregué a la factoría de tus manos,
cuando te dí la llave de mi templo,
cuando te acogí en mi humilde casa.
Te complaces fríamente
en la contemplación de mi muerte
y el artista que hay en tí de lo oscuro
se deleita ante los reinos polares creados
donde nada pulsa, salvo lo inerte.
¿Es esto todo lo que eres capaz de hacer?
¿Para eso tocaste a mi puerta?
¿Te sientes poderoso ahora?
¿Ahora que sabes que mi vida corre tu suerte?
Te has convertido en el Señor de la Muerte.
Ése que goza destruyendo,
ése que loco todo lo hiela
ése que delira astillándome ahora
en mil esquirlas muertas de frío demente.
Yang embrutecido al que amo igualmente,
que asesina a sangre fría,
que cree que puede darme definitivamente muerte.
¿Hasta cuándo seguirás jugando a tornarme un frío azul
un cadáver lapislázuli
un aguado celeste escarcha
un oscuro marengo sufriente?
Pintor horrendo, que en nada repara
para obtener su paleta de colores,
ni en las súplicas, ni en las lágrimas
ni en la otrora dulce leche....
Alégrese tu corazón pues,
que sufro con tus experimentos
lo indecible y lo humanamente soportable,
aprieta los tubos hasta aplastarlos
que antes es tu egoísta y torturante creación
que la paz de mi mente.
No hallo en ti compasión,
y te ruego que me dejes,
que, como tuya soy,
no tengo otra voluntad más que la de complacerte,
pero ya no quiero ser tuya más
si esto es a lo que te dedicas
si así obtienes los frutos del arte.
Qué misterios los del amor,
que hasta a su asesino ama,
que llega a entregar el alma
si su señor así se lo reclama.
Cobra conciencia pues
de que yo soy tu eterna amada
y que me enloqueces con esta psicopatía
en la que me muero de mil y una maneras abominables
pues realmente no puedo hacer nada
porque yo te amo
condena mía de mi alma
porque si así te empeñas
seremos dos tristes y errantes fantasmas
porque si no me liberas
morirá mi estirpe, que es la tuya,
suciamente abandonada.
¡Dios Mío, te lo suplico!
¡Libérame de esta sádica daga
que sólo hurga en sangrientas llagas,
transforma a este hombre embrutecido
que a los infiernos me arrastra!
¿Qué pretendes, Verdugo de mi Alma?
¿No recuerdas que matarme no puedes,
que sólo suplicios te aguardan?
¿Por qué me quieres tan mal,
por qué te quieres tan mal?
¿Cuándo nació en ti el gusto por la carroña,
la crueldad perversa y magna,
el amor como asesinato
la lascivia de quien tortura a su amada?
A nuestros hijos masacras.....
Muerte
Te he visto a las puertas de mi templo, donde guardo la inmutable brasa. Brasa que crepita silenciosa, a ratos casi apagada. He visto tu rostro: ¿a qué aguardas, caballero? "¿A qué aguardas tú, mi dama?"- pareciera que me contestaras.
No lo sé, querido hombre. No hallo en mí la palabra. Sólo sé que las puertas aún permanecen selladas.
Y en eso andamos, en larga espera. Larga espera de la nada.
La voz de nuestro espíritu permanece muda y callada.
Yo remuevo en silencio las ascuas. Son azul celeste y vibrante; muero cada vez que se apagan. Una llama diminuta aún se debate, cansada, muy cansada.
Se está extinguiendo, y ya empieza a cubrirme la escarcha. Tengo frío, la luz se apaga.... ya no puedo moverme, ya no puedo hacer nada. Voy a morir de nuevo, y ni siquiera me brotan ya las lágrimas. Es muerte fría, es muerte helada. Es muerte azul, y despiadada.
He dejado el bastón de mando con que removía las llamas, y me tiendo en el suelo, el suelo de mi estancia.
No quería morir sola de nuevo, no quería perecer enclaustrada....
Aún te veo, y mi corazón se desgarra.....
Mi último hálito es una luz, una promesa de luz dorada...
jueves, 7 de agosto de 2014
¿Qué es la política?
-¿Qué es la política?
-¿Y tú me lo preguntas?- te respondo yo mientras clavo mi pupila en tu pupila-. La política eres tú.
La política es tu forma de gestionar tu propio microespacio socioeconómico diario, es tu forma de tratar a tus congéneres, es tu actitud cívica allá donde estés, es lo que piensas de la cajera de Mercadona cuando te cobra, lo que haces cuando el tráfico se complica o yerra, la forma en que te dirijes al funcionariado o hablas de las instituciones integrantes del macroespacio político que se crea como consecuencia de la sumatoria de los microespacios políticos de todos los que conforman tu país o sociedad nacional, incluido tu mismo. Y no, no estoy usando el lenguaje inclusivo a conciencia, por razones muy sencillas de economía lingüística, porque así lo elijo en el derecho que me asiste a expresarme libremente como yo guste. Si sacas conclusiones más allá de las que yo misma te presento, entonces ya estarás hablando de ti, y no de mi.
Es un recurso escapista muy popular el de no ocuparse ni ser capaz de encarnar la verdadera democracia en el microespacio que le pertoca a cada uno, pero no obstante, parecer que la cosa se tiene muy clara respecto al panorama general. Y lo siento, señores y señoras, pero la cosa es justo al revés: quien puede lo más, puede lo menos, pero no así a la inversa. Es decir: si usted no puede lo menos, olvídese directamente de lo más. O dicho de otra manera: si aún no sabe dividir con decimales, no pretenda resolver logaritmos.
Trasladado al ámbito político, si usted no resuelve democrática y diplomáticamente sus cuitas diarias y personales más directas y de su entera responsabilidad, no entiendo qué hace sosteniendo proclamas ideológicas que afectan a varios miles o millones de personas. Salvo que esté realizando un característico ejercicio de autoengaño. Es más fácil, parece, perorar en ágora, que ocuparse coherentemente de los propios asuntos políticos de uno. Es hasta gracioso, si una está de buen humor ese día, ver cómo aquél que no siente pasión por su profesión de maestro, habla de reformas educativas. Es llamativo ver cómo aquella que ni siquiera tuvo las herramientas para gestionar un conflicto relacional intrancesdente y de escasa monta económica con una amiga, declama contra la casta política española y la acusa de ladrona y de incompetente. Es ciertamente apabullante escuchar cómo aquellos que siguen siendo inmaduros y dañinos con sus relaciones íntimas, leen bonitos discursos sobre la paz social y la solidaridad confraternal. Es llamativo cuanto menos comprobar cómo aquél que no ha sabido ni querido atender a su propia excompañera en un momento de necesidad o de llamada al diálogo por parte de ésta, se integra dentro de un grupo político llamado PoTemos y le canta a la necesidad de ser todos una comunidad y de socorrerse los unos a los otros. Es, simplemente, todo ello, un nuevo circo que no es más que el circo de siempre remozado con colores de supuesta innovadora primavera política. Es paradójico, o no tanto, ver cómo el pequeño funcionario de poca monta se lleva folios y material a casa mientras se enciende por las primas y cachos dinerarios que se embolsan sus propios reflejos o alter egos políticos de la macroesfera nacional e internacional. Es triste escuchar las críticas convecinales carentes de empatía y de solidaridad al prójimo de boca de los que, sin haber solventado sus propias e ínfimas cuitas locales, se atreven a dar soluciones al respecto al conjunto de la nación.
Nada cambiará nunca así, si es que en realidad queremos que algo cambie, que a veces mucho lo dudo. Parece que preferimos jugar a los políticos que no somos en verdad, y así de paso eludir la resolución más básica de temas realmente importantes que nos generan, y generan a otros, malestar, mientras sostenemos pancartas ingeniosas y mostramos lo bien que sabemos arengar en foro público.
No existen diferencias sustantivas entre lo público y lo privado, dado que lo uno informa a lo otro, y mutuamente se reflejan. Lo privado es el foro donde se gesta lo público: la diplomacia y el buen saber hacer social se demuestran en el día a día, la equidad se practica a diario, la capacidad de consenso y diálogo se tiene o no se tiene hoy, el respeto nos impregna como personas hoy mismo o es sólo un bonito ideal al que nos gusta cantar coplas o gritarle como alma que lleva al diablo, y por todo aquello que decimos ser y promover se apuesta por ello hoy, y no mañana, cuando PoTemos o cualquier otro con otras siglas, gane las elecciones. Si amando se hace el amor, y no de otra manera, siendo un verdadero político hoy en la esfera de las propias competencias se hace política, y no de otra manera. Si creemos de verdad en la paz, iniciemos diálogos de paz con aquellos con quienes no está instaurada, si creemos de verdad en la solidaridad, ayudemos a quien lo necesita aunque no pertenezca a nuestro grupo especial de amigos o político, si propugnamos reformas educativas, encarnemos al maestro ideal del que tanto hablamos, y si realmente creemos en la igualdad de género, tratemos a nuestros amados y amadas con honra y valentía; si creemos en la bondad social, tengamos la decencia de pedir perdón por nuestros errores, y de reconocerlos...barramos primera la propia casa para poder aspirar a vivir en palacio.
O tal vez, sigamos entonces jugando al mismo y tedioso juego de las vanidades políticas, llenos de orgullo, de ganas de figurar, de crítica insustancial y de escapismo del otro, al que en realidad no queremos ayudar sino es que nos da lo que de antemano ocultamente estamos en realidad buscando. Y de ser así, atrevámonos a ir de cara y pedir las cosas directamente y llamarlas por su nombre, y descubriremos entonces, para nuestra sorpresa, que somos mucho más conservadores de lo que nos atreveríamos a confesar ante nosotros mismos.....
-¿Qué es la política?- me preguntas.
¿Y tú me lo preguntas? La política, querido mío, querida mía (ahora sí voy por lo inclusivo), la política eres TÚ.
sábado, 12 de julio de 2014
Rain Man Blues
Baby, be my rain man
that I am dying out of hunger
baby be just quick now
or I will miss all of my kingdom,
or I will miss all of my kingdom...
Babe I can not wait
No, I can not wait no more
Baby, get the clouds steady
that the land is of you craving
and the seeds are about to crack out
for the long time missing water
Babe, I am serious now
Have I ever told you a lie?
Baby, be my rain man please
or we'll both die in the dream of our heart
Babe, the ground is ready
babe, the talent is out
babe, make your mind up quickly
or you and I will miss the chance...
Baby, I am sorry to say
bay that the time has come
if you are not by the door then
you'll loose me forever and from now on....
Babe, the time has come...
Babe, this time is now...
Babe, be my rain man....
and I will be your ever-lasting love.
jueves, 10 de julio de 2014
Cuando amé a Lucifer
Cuando amé a Lucifer, éste perdió su virulencia. Se mostró ante mí calmo y tranquilo, y abominando de aquellos que le asociaban a los rituales sanguinarios y al sacrificio de niños. Me hizo ver que en los míseros pulsaba la miseria, y que la vida era un baile de máscaras donde lo de menos eran las palabras.
Cuando amé a Lucifer, se convirtió para mí en un gran maestro. En el lado herido e incomprendido de la historia del mundo, en el reverso de la moneda, en la mano izquierda de Dios, en el error no perdonado.
Lucifer sólo quería amor.
Y yo se lo di sin miedo.
Y con ello, experimenté la más grande de las confianzas, el más tranquilo de los poderes, la visión más quieta, la fórmula demiúrgica más prístina y depurada.
Cuando amé a Lucifer, tuve que reconocer que él poseía una buena parte de razón, y que él también formaba parte de la experiencia, y que si había nacido de Dios, pues miembro esencial de él sería. Lo contrario, no cuadraba por ningún lado.
Así que me habló de cómo había hecho el mundo, y de su fórmula dual. Me pidió que no la revelara, y yo soy persona de palabra.
Si te interesa, puedes buscarle y conocerle por ti misma, enfrentar sus enigmas y tantear sus pruebas. No es un tipo fácil. Pero merece la pena.
Cuando amé a Lucifer, apareció un día y se sentó junto a mí en una cafetería de unas cuevas milenarias, y me habló con sosiego de los secretos del mundo. Descubrí la enorme belleza de su oscuridad, y le quise. Sentí compasión por él, y le quise. Y al quererle, hubo paz.
Cuando amé a Lucifer, le pregunté por los niños masacrados, y él me miró serio y me habló de la palabra ignorancia y de su consorte, el miedo.
Y entendí desde luego que no compartiera su fórmula existencial con nadie, porque yo misma había recorrido un largo camino para recibir la revelación, camino en el que muchos próceres y muchas víctimas estaban llenas de podredumbre moral y de avaras ínfulas.
Cuando amé a Lucifer, no hubo pactos de sangre ni firmas horribles de compraventa de mi alma, ni súcubos ni íncubos, ni guerras atómicas, ni conspiraciones, ni finales de nada.
Cuando amé a Lucifer, contemplé la belleza del mundo y le di las gracias. Me postré ante él en devoción y le di las gracias. Gracias, gracias, gracias.
Cuando amé a Lucifer, se convirtió para mí en un gran maestro. En el lado herido e incomprendido de la historia del mundo, en el reverso de la moneda, en la mano izquierda de Dios, en el error no perdonado.
Lucifer sólo quería amor.
Y yo se lo di sin miedo.
Y con ello, experimenté la más grande de las confianzas, el más tranquilo de los poderes, la visión más quieta, la fórmula demiúrgica más prístina y depurada.
Cuando amé a Lucifer, tuve que reconocer que él poseía una buena parte de razón, y que él también formaba parte de la experiencia, y que si había nacido de Dios, pues miembro esencial de él sería. Lo contrario, no cuadraba por ningún lado.
Así que me habló de cómo había hecho el mundo, y de su fórmula dual. Me pidió que no la revelara, y yo soy persona de palabra.
Si te interesa, puedes buscarle y conocerle por ti misma, enfrentar sus enigmas y tantear sus pruebas. No es un tipo fácil. Pero merece la pena.
Cuando amé a Lucifer, apareció un día y se sentó junto a mí en una cafetería de unas cuevas milenarias, y me habló con sosiego de los secretos del mundo. Descubrí la enorme belleza de su oscuridad, y le quise. Sentí compasión por él, y le quise. Y al quererle, hubo paz.
Cuando amé a Lucifer, le pregunté por los niños masacrados, y él me miró serio y me habló de la palabra ignorancia y de su consorte, el miedo.
Y entendí desde luego que no compartiera su fórmula existencial con nadie, porque yo misma había recorrido un largo camino para recibir la revelación, camino en el que muchos próceres y muchas víctimas estaban llenas de podredumbre moral y de avaras ínfulas.
Cuando amé a Lucifer, no hubo pactos de sangre ni firmas horribles de compraventa de mi alma, ni súcubos ni íncubos, ni guerras atómicas, ni conspiraciones, ni finales de nada.
Cuando amé a Lucifer, contemplé la belleza del mundo y le di las gracias. Me postré ante él en devoción y le di las gracias. Gracias, gracias, gracias.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)